Nietzsche y la voluntad de poder

Nietzsche aludía a lo infértil de muchas de las disputas filosóficas, las cuales, a la larga, no traen ninguna consecuencia positiva para el “individuo”, concepto clave dentro de su pensamiento. Las escuelas epistemológicas dominantes, incluyendo al criticismo y a la ciencia teórica, colocan al conocimiento por sobre el sujeto. Nietzsche invierte esta relación, pues no sólo parte del sujeto, sino que termina también en él, al señalar, por ejemplo, que la razón es solo un instrumento del cuerpo.

Nietzsche entiende a la filosofía como una confesión personal de su autor, por medio de la cual se ocultan las emociones del sujeto. De allí que afirme que toda opinión sea un escondite y toda palabra una máscara. A esto se debe su crítica al racionalismo, ya que éste no solo se aleja de las pasiones, sino que también de todo aquello que tenga relación con el cuerpo. Tal postura, representada prácticamente desde la antigüedad por los estoicos, no puede más que ejercer una tiranía sobre el individuo, lo cual hace reprimir su fuerza, su voluntad de poder. Esta posibilidad de alejamiento de sus instintos convierte al ser humano en una de los animales más débiles y enfermizos, peor aun cuando contribuyen a tal distanciamiento teorías e instituciones.

En este sentido hay que entender las críticas de Nietzsche a todo aquello que obstaculice el flujo unilateral de los instintos. Sus principales ataques se dirigen, pues, hacia el cristianismo, principal represor de la voluntad, y que termina convirtiendo al hombre en un animal débil, enfermizo, mediocre y de rebaño. A juicio de Nietzsche, la “compasión”, por ejemplo, es uno de los antivalores más dañinos para el individuo, puesto que mediante él se niega su propio poder, llevándonos así al nihilismo. En este punto se entiende la crítica hacia Schopenhauer, ya que éste, pesimista, valoraba la compasión como una herramienta para la negación de la voluntad de vivir, ya que al compadecernos de alguien perdemos fuerzas. Debido a lo corrosivo de los valores cristianos, Nietzsche propone una inversión de los mismos. Lo bueno pasa a ser todo aquello que eleve al hombre al ejercicio de su voluntad de poder. La felicidad, la superación de la resistencia para lograrlo. Se emprende así en la tarea de naturalizar los valores, para que estos vuelvan a responder a los deseos, placeres e instintos. A esto corresponderán los “valores aristocráticos”.

Eduardo Schele Stoller.

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