La autoviolencia

La violencia, nos dice Byung-Chul Han, ha pasado de ser material a anónima (desubjetivada). La macrofísica de la violencia de antaño se presenta como negatividad, estableciendo una relación bipolar entre el yo y el otro, expresándose usualmente de manera explosiva y masiva (sacrificios, dioses vengativos, tortura, terrorismo, lingüística). Se distingue de la actual violencia positiva, basada en la spamización del lenguaje, en la sobrecomunicación y la sobreinformación, en la masificación lingüística, comunicativa e informativa.

En este sentido, señala Han, el sujeto de rendimiento parece ser más libre, pues no se le impone ninguna represión mediante una instancia de dominación externa. No obstante, eso no impide que la presión pase ahora a ser interna, a través de la deformación disciplinaria y la depresión del rendimiento, estadios de la transformación topológica de la violencia. La violencia así se interioriza, se hace psíquica y, con ello, se invisibiliza. Ya no hacia el otro, el enemigo, sino que hacia uno mismo.

Antes de la Modernidad, afirma Han, la violencia era visible. Se exhibía y personificaba en un gobernante que ostentaba su poder imponiendo la muerte por medio de la sangre, en una especie de teatro público, a través del cual ejercía su dominación. Hoy en cambio la violencia se esconde pudorosa, se hace privada, no pretendiendo ya llamar la atención. Carece de lenguaje, de simbología. Se ejecuta, sostiene Han, como un exterminio sordo y mudo.

La conciencia moral, a juicio de Han, mediante la automatización del hábito, la determinación de las convicciones y los modos de percepción, se vuelve más severa e implacable cuanto más renuncia la persona a la agresión contra los demás. Esta agresión contra el otro, como diría Girard, beneficiaba a la comunidad, pues, al centrarse la violencia en un chivo expiatorio externo, se beneficiaba la solidez institucional, la armonía y el orden social. El sacrificio impedía así que se desarrollará una violencia generalizada ¿Qué consecuencias tendrá la era del autosacrificio? Según lo anterior, podemos esperar seres altamente autodisciplinados, pero con nulo interés por lo otro. El que aparenta solidez ahora es el individuo, pero a costa del orden y el compromiso social.

Eduardo Schele Stoller.

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