La muerte de la filosofía

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¿A que se debe, se pregunta Boris Groys, que no se practique a menudo hoy en día la filosofía? Si la entendemos en su sentido clásico de búsqueda de la verdad, se producen al menos dos problemas. Primero, nos señala Groys, a través de su estudio se llega a la conclusión de que la verdad es inalcanzable, por lo que no tendría mucho sentido buscarla. Segundo, si llegase a encontrarse, debería luego venderse, pero al estar el mercado de verdades saturado (científicas, religiosas, políticas, practicas), esto también aparece como imposible. El filosofo, afirma Groys, se ha perdido en el supermercado global de verdades, tratando de orientarse allí para encontrar al menos la señal de salida. Toda autentica filosofía no es más que la articulación lingüística de ese desconcierto (2016: 9-11).

Pero la culpable de esto, a juicio de Groys, ha sido la misma crítica filosófica. La filosofía ha contribuido a su propia destrucción, a la anti filosofía. Un síntoma de esto hoy es la actitud crítica ante la crítica. Los textos, por ejemplo, ya no se analizan, sino que, aquellos que más gustan, son tomados como meras directivas para la acción. Ya no el texto, sino lo que individuo puede hacer a partir del texto. La anti filosofía pasa así, afirma Groys, a dar solo órdenes (2016: 13-16).

La filosofía es por definición el amor a la verdad, pero presupone la ausencia de la misma. Si bien, sostiene Groys, la filosofía aspira a la verdad, no puede poseerla. El proyecto filosófico es uno abierto, infinito, que se opone a su realización definitiva. La filosofía vive de la imposibilidad de satisfacer su deseo por la verdad. Si esa unión llegara alguna vez a realizarse, seria su fin. La filosofía es en este sentido, afirma Groys, puro deseo, pura actividad, trabajo. El trabajo de la crítica, del conocimiento, de la deconstrucción (2016: 118-119).

Pero al tender este trabajo a ser más destructivo que constructivo, no cumple con los requerimientos normativos contemporáneos. Si bien ya no se buscan certezas, tampoco se busca la critica y la incertidumbre. La gente quiere saber lo que tiene que hacer y, en el mejor de los casos, cuál es la manera más económica o efectiva de hacerlo. Ya no importa la solidez o debilidad de los principios teóricos; lo esencial es lo que podemos llegar a lograr con ellos. Si filosofar es desear la verdad, la filosofía tiene cada vez menos cabida en la sociedad, puesto que esta última ya ha cancelado su búsqueda. ¿Pará que desgastarnos indagando la salida de la caverna, cuando hemos invertido tanto en su reacondicionamiento?

Eduardo Schele Stoller.

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Plural: 3 comentarios en “La muerte de la filosofía”

  1. Entrada más que interesante. En su principio está la contradicción a la que cae, junto con el temor de hallar la verdad y que pierda sentido sus expresiones, apoyado en la tendencia general a negar la verdad y su búsqueda, que al no ser de consumo masivo sentó bases para la época ridícula actual en tales ámbitos y en lo que circula públicamente.
    Me da gusto leer cómo presentas los diversos textos.
    Un saludo

  2. Excelente artículo, saca a relucir una realidad muy grande en la actualidad y a la vez abre a una discusión muy necesaria de retomar a la cual responderia que “hay que desgastarse para no acabar convertido en mero objeto que adorne y proyecte luz hacia la caverna”.
    PD: ¿De donde han sido sacadas las citas?

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