¿Qué buscamos hoy en el arte?

¿Es la inclinación por el arte algo innato? Denis Dutton considera que sí, por ejemplo, al aludir a estudios sobre las preferencias pictóricas. Se ha visto que las mujeres tienen mayor preferencia por los paisajes que contemplen vegetación, mientras que a los hombres les atraen más aquellos que presenten perspectivas más amplias. La explicación a juicio de Dutton es evolutiva; las mujeres buscan refugio y los hombres la posibilidad de cazar y explorar. A esto se le sumaría la aparente universalidad del arte, puesto que éste aparece en todas partes del planeta a lo largo de la historia y en diversas culturas. Dutton compara este fenómeno con lo que ocurre en el lenguaje, pues a pesar de las diferencias gramaticales y de vocabulario entre las diversas lenguas, estas pueden llegar a ser traducidas entre sí, debido a que las culturas comparten una estructura lingüística y porque están vinculadas a intereses, deseos, necesidades y capacidades universales prelingüísticos.

Los seres humanos, considera Dutton, nacen siendo creadores de imágenes y disfrutan con ellas. Existe una fascinación implícita en el mundo que se representa. Una objeción a la teoría mimética del arte que propone Dutton insiste en que no son las representaciones en si mismas lo que valoran los seres humanos, sino los objetos representados, es decir, el contenido de la representación. Aristóteles contestaba a este argumento replicando que usualmente nos sentimos cautivados al ver representaciones de objetos que nos disgustaría ver en la vida real. Por ejemplo, alguien que tema a las serpientes o las arañas puede sentir fascinación por una escultura de alguna de estas criaturas.

En relación con el arte, Dutton afirma que el amor por la ficción también es instintivo y universal, pues tendrían una función adaptativa. Desde las tradiciones orales y mitológicas ancestrales, hasta las novelas, obras de teatro, operas, películas y video juegos, todas ofrecen un sucedáneo de experiencia barato y exento de riesgos, colocándonos en escenarios hipotéticos que podríamos enfrentar. Las historias, señala Dutton, nos animan a explorar los puntos de vista, creencias, motivaciones y valores de otras mentes humanas, inculcándonos capacidades interpersonales y sociales potencialmente adaptativas. Las historias proporcionan así una regulación de la conducta social. Las historias de ficción entonces nos proporcionan una abanico de posibles escenarios en los cuales podríamos vernos inmersos a futuro, permitiéndonos concebir además estrategias para desplegar en los mismos. Esta capacidad de ir más allá de nosotros mismos representando acontecimientos hipotéticos, señala Dutton, se constituye como una capacidad evolutiva superior, la cual, en consecuencia, se nos presentaría ya como una disposición innata.

Eduardo Schele Stoller.

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