Heidegger: arte y verdad

Heidegger: arte y verdad

Heidegger plantea que la pregunta acerca del origen de la obra de arte indaga por la fuente de su esencia, la cual surge de la representación y actividad del artista. A su vez, la obra es el origen del artista y viceversa, ya que ninguno existe sin el otro.

Aunque la obra de arte puede ser vista como una cosa, una unión de materia y forma que estimula nuestras sensaciones se diferencia de otros objetos creados por el hombre en que en ella se ha puesto en operación la verdad del ente. Es decir, su esencia no radica en crear utilidad, sino en mostrar verdad. En la obra de arte no se busca reproducir entes singulares, sino la esencia general de las cosas. De este modo, la obra desentraña el ser del ente y lo abre a la comprensión.

Heidegger sostiene que la obra de arte mantiene abierto lo abierto de un mundo, que ha sido formado por el hombre sobre la tierra y que tiende a ocultarse. La obra es sinónimo de verdad, entendida en el sentido griego de desocultamiento del ente. La belleza, por su parte, es un modo de ser de la verdad, pero no aislada de la historia de quien la contempla. La contemplación misma se sitúa en el contexto de las vivencias y proyecciones del grupo humano histórico que la contempla. La obra de arte, por tanto, es una forma de acercarse a la verdad y a la belleza a través de la historia y la experiencia humana.

Heidegger sostiene que el arte es el medio para que se manifieste la verdad del ente. Dejar que la verdad se manifieste es la esencia de todo arte, que en sí mismo es poesía. El arte poetiza la esencia del ente y crea un espacio abierto en el ente, en el cual se puede experimentar la verdad de manera diferente. La obra de arte desoculta al ente hacia nosotros y hace que lo habitual y lo existente deje de ser ente. La acción de la obra no es casual, sino que produce un cambio que ocurre gracias a la desocultación del ente. En resumen, el arte nos saca de la rutina al introducirnos en lo abierto de la verdad del ente cuando se contempla, y permite que la verdad brote.

El arte se distingue de la labor científica, ya que esta última no es un evento original de la verdad, sino el cultivo respectivo de un terreno ya abierto de la verdad que luego se convierte en una verdad necesariamente correcta. La filosofía, por otro lado, se dedica a descubrir la esencia del ente en cuanto tal, más allá de lo meramente correcto. En consecuencia, el arte es importante porque cultiva el asombro y la contemplación, abriendo el camino hacia la investigación y profundización de la verdad.

Eduardo Schele Stoller.

 

 

 

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