McLuhan: medios y mensajes

Los mas grandes avances de la civilización son procesos que casi hunden a las sociedades en las que ellos se producen.

Whitehead

Para el filósofo canadiense Marshall McLuhan todos los medios son prolongaciones de alguna facultad humana, psíquica o física. El circuito eléctrico, por ejemplo, es una prolongación del sistema nervioso central. La tecnología de la imprenta creó el público. La tecnología eléctrica creó la masa, modificando nuestra manera de pensar, actuar y de percibir el mundo. El público consiste en individuos aislados que van de un lado a otro con puntos de vista separados, fijos. La nueva tecnología exige abandonar el lujo de esta postura fragmentaria. El circuito eléctrico está orientalizando a occidente, pues lo contenido, lo distinto, lo separado, está siendo reemplazado por lo fluyente, lo unificado, lo fundido. Volvemos a vivir en una aldea.

McLuhan señala que las sociedades han sido moldeadas más por los medios con que se comunican los hombres que por el contenido mismo de la comunicación. La tecnología eléctrica promueve y estimula la unificación y el envolvimiento. A través de la información eléctrica los grupos minoritarios ya no pueden ser ignorados ni contenidos (shock del reconocimiento). Demasiadas personas saben demasiado las unas de las otras. Nuestro ambiente obliga así, afirma McLuhan, al compromiso y la participación, al vernos envueltos en las vida de los demás, siendo responsables de la misma. Esto ha generado una era de la ansiedad, producto de la necesidad del compromiso y a la participación, en áreas ya no fragmentadas o especializadas de la realidad (1967: 15-16, 24) (1996: 26-27).

Esto ya comenzó a preconfigurarse a través de la alfabetización. El órgano dominante de la orientación sensorial y social en las sociedades alfabéticas, señala McLuhan, es el ojo. El alfabeto fonético obligó al mágico mundo del oído a rendirse al mundo neutral del ojo, el cual vino a materializar y dar color al pensamiento. La comprensión pasa a depender exclusivamente del ojo. El espacio visual es uniforme, continuo y ligado (coherencia). El hombre racional occidental es un hombre visual, pero que se ha fragmentado y especializado. En cambio, destaca McLuhan, en el espacio acústico el hombre vivía sin límites, sin dirección, sin horizonte, en el mundo de la intuición, emoción y terror.

Pero con los nuevos medios, tiempo y espacio se han esfumado. Vivimos, considera McLuhan, en una aldea global y en un suceder simultáneo, similar al espacio acústico de las emociones tribales, al caer ahora la información sobre nosotros al instante y de forma continua. La velocidad, sostiene McLuhan, ya no permite construir una serie. La nueva interdependencia electrónica recrea el mundo a imagen de una aldea global. Hemos extendido nuestro sistema nervioso central hasta abarcar todo el globo, acercando rápidamente, especula McLuhan, a la simulación tecnológica de la conciencia.

Aquí cabe aludir a la distinción que realiza McLuhan entre medios calientes y fríos. El medio caliente es aquel que se extiende, en «alta definición», en un único sentido y rebosante de información. El habla, por ejemplo, es un medio frío de baja definición, pues da poca información, debiendo completar en consecuencia el oyente. Un medio caliente, en cambio, es bajo en participación. Por ejemplo, señala McLuhan, el calentamiento del medio escrito hasta la intensidad repetible de la imprenta desembocó en el nacionalismo y en diversas guerras (1996: 43-44).

La alta definición engendra especialización y fragmentación, la cual deberá enfriarse antes de poder ser aprendida o asimilada. Sin embargo, esta fase no parece llegar, solo decantando en el aburrimiento (1996: 44-45, 47). Al respecto, McLuhan destaca que la alfabetización crea tipos de gente mucho más simples que los que se desarrollan en la compleja trama de cualquier sociedad tribal oral. Porque el hombre fragmentado crea el homogeneizado mundo occidental, mientras que las sociedades orales están compuestas de pueblos diferenciados, no por sus aptitudes como especialistas o marcas visibles, sino por sus combinaciones emocionales únicas. El mundo interior del hombre oral es un laberinto de complejas emociones y sentimientos, que hace tiempo que el pragmático occidental ha desgastado o suprimido en aras de la eficiencia y del sentido práctico (1996: 71).

La falta de reflexividad parece ser entonces un efecto de la abundancia de medios calientes y de alta definición ¿Cómo salir de esta condición? Un problema se debe, según McLuhan, a que seguimos adoptando la actitud de Narciso, esto es, de pensar que las extensiones del cuerpo están realmente ahí fuera y son de verdad independientes de nosotros. Citando a Arquímedes «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo», hoy en día este apoyo las corporaciones privadas lo sustentan en nosotros mismos (1996: 88-89). Hemos internalizado las estrategias de poder y control de los medios. Hoy el hombre es el medio. La pregunta atingente sería ¿caliente o frío? ¿De alta o baja definición? Los medios tecnológicos sociales a través de internet pretenden presentar a un sujeto en su máxima definición posible. Paulatinamente la esfera privada va desapareciendo y, con ello, los medios fríos de información. Hoy la idea no es solo ser evidente, la meta final es ser visto como tal. El panóptico contemporáneo es un medio que ha subido su temperatura a tal nivel que amenaza con quemarnos a todos.

Eduardo Schele Stoller.

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