Filosofía e ignorancia

No hay comentarios

Voltaire constata una cierta postura pesimista ante la labor del filósofo, tanto teórica como práctica. Con respecto a la primera, señala que estamos encerrados en un estrecho círculo, condenados a ignorar gran parte de los que nos rodea. Ninguna primera causa, ningún primer principio puede ser aprendido por nosotros. Nos está necesariamente prohibido el acceso a estos primeros principios, ya que, afirma Voltaire, si pudiéramos conocer nuestra primera causa, seríamos dueños de ella, es decir, dioses, pues podríamos dominar libremente el entorno y a nosotros mismos (27-29).

Dado que esta posibilidad es incompatible con nuestra naturaleza, Voltaire señala que es imposible que podamos conocer algo del primer principio que nos hace pensar y actuar. Ahora bien, la libertad la relaciona con el poder, esto es, cuando podemos hacer lo que queremos. Allí radica nuestra libertad. El problema, advierte Voltaire, es que queremos lo que necesariamente queremos, de lo contrario queríamos sin razón o causa, lo cual a su juicio es imposible. Nuestra libertad se movería entre esta determinación original y la ejecución de la acción. Por ejemplo, en no cometer una mala acción cuando mi mente la concibe necesariamente mala; en subyugar una pasión cuando mi mente me hace sentir su peligro y cuando el horror de esa acción lucha poderosamente contra un deseo (29, 32). A pesar de este pequeño margen, la causa del querer nos sigue siendo inaccesible.

El argumento de Voltaire parte del siguiente supuesto: si pudiésemos saber nuestras primeras causas y principios, podríamos manejar los mismos con absoluta libertad y, con ello, al entorno y a nosotros mismos. Dado que esto no ocurre, no podemos acceder a nuestras primeras causas y principios. La estructura de este razonamiento es falaciosa, pues corresponde a una apelación a la ignorancia. En términos simples, podemos explicarla así: la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. Por ejemplo, del hecho de que no haya pruebas de que Dios exista no quiere decir que Dios no exista. O, al revés, del hecho de que no haya pruebas de que Dios no exista no quiere decir que Dios exista. De allí que para muchos sea más racional el agnosticismo.

Ningún filósofo, afirma Voltaire, ha influido ni siquiera en las costumbres de la calle en que vivía. A su juicio, esto se debe a que los hombres se rigen por la costumbre y no por la metafísica. Un solo hombre elocuente, hábil y prestigioso podrá influir mucho más que cien filósofos sobre los hombres (54) ¿A qué se reduce entonces la labor del filósofo? Aclaraciones, dudas, cuestionamientos no son ni serán bien recibidas por el hombre de sentido común, el cual no busca más que directrices prácticas que le sirvan como muletas mentales para su vida. La labor del filósofo es precisamente inquietar cognitivamente a este tipo de entes. Es cierto, la filosofía nunca ha sido popular, pero en esto radica también su valor.

Eduardo Schele Stoller.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s