La profanación de Eros

Byung-Chul Han considera que hoy, en el marco de la sexualidad, el cuerpo ha pasado a equivaler una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. Considerado así, esta relación no cuenta como amor, pues se despojada al otro de su alteridad, convirtiéndose solo en un objeto de consumo. El otro ya no es así una persona. Esto, afirma Byung-Chul Han, erosiona la distancia originaria que es propia del ser humano y que constituye la condición trascendental de posibilidad de la alteridad. La distancia impide así que el otro se cosifique como un objeto. Pero nuestro tiempo, a través de los medios digitales, no hace más que obsesionarnos con la cercanía, volviéndonos a todos en meros objetos[1].

En esto también radica, señala Byung-Chul Han, la esencia de lo erótico, ya que éste nunca está libre de misterio. El capitalismo, en cambio, intensifica el progreso de lo pornográfico, pues prioriza la mercantilización y exhibición de los objetos. Profana así el eros para convertirlo en porno, desritualizando y desacralizando la sexualidad. El amor como acercamiento, afirma Byung-Chul Han, apunta hoy a la destrucción del erotismo sagrado.

Byung-Chul Han considera que estos son en parte efectos de la sobreabundancia de información. En la era premoderna, donde la información escaseaba, los objetos eran sobreestimados producto de la imaginación, dándoles así un valor agregado de idealización. La gran densidad de información, sobre todo visual, no es favorable para el desarrollo de la imaginación. La pornografía es un caso paradigmático, pues en ella el abuso de información no da paso a la fantasía y al misterio, propias del erotismo. La hipervisibildiad, considera Byung-Chul Han, es la meta de la sociedad de la transparencia, pero a través de ésta se incremente el narcisismo ¿Cómo entender este fenómeno?

Si para amar a otro debo hacerlo desde una lejanía conceptual, para amarme a mí mismo debería regir la misma lógica; concebirme a la distancia, de lo contrario me convertiría a mí mismo en un objeto. Esto es precisamente lo que buscan las redes sociales en nuestros días; visualizarnos de una manera pública tal que perdemos todo tipo de ocultamiento, misterio y sacralización. El narcisismo reinante nos vuelve así en meros objetos de rendimiento, que comulgan en ritos de consumo, pero que desconocen cualquier tipo de significado, pues para el conocimiento, aunque suene paradójico, también se requiere de lejanía.

Eduardo Schele Stoller.

[1] Algo similar, a juicio de Byung-Chul Han, ocurre con una serie de instituciones y prácticas contemporáneas. El museo, por ejemplo, como exhibición desnuda es contrario al templo, pues este último representaba la lejanía a base del misterio, el rito y lo sagrado. En relación con esto, el turismo, señala Byung-Chul Han, es contrario también al peregrinar, pues el turista no comparte con el lugar visitado historia, memoria e identidad.

 

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