Baudelaire: el origen del mal

Durante largo tiempo la naturaleza se tomó como base, fuente y modelo de todo bien y belleza posibles. Pero la naturaleza, nos señala Baudelaire, no enseña nada, pues solo nos fuerza a dormir, beber, comer y a protegernos de los males del entorno, los cuales nos pueden llevar a matar y a torturar a nuestros semejantes. Es la naturaleza la que ha creado las miles de abominaciones que nos impulsa a aplastar a otros hombres. Es la filosofía y la religión las que han inculcado la empatía y la lucha contra los horrores de la naturaleza (1995: 121-122).

Mientras que el crimen es originariamente natural, todo lo que es bello y noble, sostiene Baudelaire, es el resultado de la razón y del cálculo. La virtud, contrario a lo que pensaban los griegos, es artificial, sino no se explicaría la necesidad a lo largo de la historia de enseñarla (1995: 122). El mal se hace sin esfuerzo, pues, según lo dicho, nos es natural, razón por la cual todo bien será siempre producto de un arte de la razón, verdadera redentora y reformadora del mal. Lo artificial pasa ahora, en consecuencia, a ser lo noble y lo bello (1995: 122).

Baudelaire ejemplifica esto con la mujer, la cual, a su juicio, cumple un deber al dedicarse a aparecer mágica y sobrenatural, tomando prestadas a todas las artes como medios para elevarse por encima de la naturaleza para impresionar los espíritus y causar un efecto irresistible. Sin estos medios, ni mujeres ni hombres lograrían consolidar o divinizar su belleza, la que solo remitiéndose a medios naturales sería demasiado frágil como para sostenerse (1995: 124). Los efectos que producen las artes en nosotros, ya sean musicales o visuales, nos acercan al sentimiento de lo sublime, es decir, al placer que produce la constatación de lo no representable conceptualmente. Esta es una importante diferencia con lo natural. El dominio de este último tiene fines productivos claros; egoístas y reproductivos. Son las artes las que nos han permitido trascender estos últimos, posibilitando a su vez trazar caminos que respondan a intereses propios y, quizás, más bondadosos. Y es que en el fondo, todo lo que hacemos y han hecho de nosotros busca disfrazar lo horrendo y terrible de nuestra naturaleza.

Eduardo Schele Stoller.

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