La Boétie y la esclavitud voluntaria

La Boétie señala que es el pueblo quien se esclaviza y suicida cuando, pudiendo escoger entre la servidumbre y la libertad, prefiere abandonar los derechos que recibió de la naturaleza para cargar con un yugo que causa su daño y le embrutece. En lo único que nos aventaja quien nos domina es en el poder que le hemos consentido para destruirnos. Resolveos a no ser esclavos, nos dice La Boétie, y seréis libres. No se necesita para esto pulverizar el ídolo, será suficiente no adorarlo para que éste se desplome y quede hecho pedazos por su propio peso, cuando la base en que se sostenía llega a faltarle (9, 11, 12).

La Boétie se propone indagar cómo pudo el servilismo llegar al extremo de eliminar el amor por la libertad, el cual, a su juicio, ha dejado de ser un sentimiento natural. A pesar de ser el hombre naturalmente libre, su naturaleza también le permite amoldarce muy fácilmente a la educación que se le quiere dar, razón por la cual se le hace natural todo aquello que adquiere con la educación y la costumbre desde la niñez. La causa principal de constituirse los hombres voluntariamente esclavos, afirma La Boétie, consiste en que nacen siervos y son educados como tales; y de ahí se origina, a su juicio, otra consecuencia; que los hombres fácilmente se vuelven, bajo los tiranos, afeminados y débiles (12, 15, 21, 22, 24).

Teatros, juegos, farsas, espectáculos, gladiadores, animales extraños, medallas, cuadros, fueron para los pueblos antiguos los incentivos de la esclavitud, el precio de su libertad, los instrumentos de la tiranía. Alucinados los pueblos, señala La Boétie, cebados en pasatiempos frívolos y hechizados por vanos placeres, se acostumbraron paulatinamente a ser esclavos con más facilidad (26).

¿Cómo culpar entonces al individuo de algo que no conoce? Si nacemos y nos criamos como esclavos, ¿cómo hacernos responsables por vivir en cautiverio? La Boétie pensó todo esto en el siglo XVI, pero el diagnóstico sigue siendo pertinente. La diferencia es que los que ostentan el poder ya no son identificables fácilmente, pues la manifestaciones del poder, como ha señalado Foucault, se han vuelto cada vez más invisibles en su origen. Y en esto no puedo más que diferir con La Boétie. El hombre no posee ni un derecho ni un deseo innato de libertad, sino que más bien ocurre todo lo contrario. Nacemos sometidos, adoctrinados bajo normas que para nosotros son a priori y, profundamente, deseables. Libertad implica responsabilidad, hacerse cargo de lo que somos y no somos. Esta es una pesada carga, que el individuo promedio no tiende a soportar por sí solo, ya sea por ansiedad o porque carece de las herramientas necesarias, razón por la cual delega casi en plenitud su vida a una entidad superior para que se haga cargo de la misma. La esclavitud, en consecuencia, no solo es voluntaria, sino que también, inicialmente, natural. He allí una explicación además de lo impopular de la filosofía, al concebirse como un arma liberadora del pensamiento.

Eduardo Schele Stoller.

Un comentario en “La Boétie y la esclavitud voluntaria

  1. Difícil tarea para la disciplina filosófica. Más aún, si se encuentra en un sistema educativo que la relega y premia la aceptación de valores y prácticas que son contrarios a su carácter reflexivo.

    Saludos.

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