Sobre la confianza

Es evidente el rol que cumple el sentimiento de confianza en una comunidad; el sustentar las relaciones sociales. José Andrés Murillo señala que conceptos como los de justicia, verdad o poder suponen el de confianza, razón por la cual integra una lógica tanto racional como emocional (2013: 15, 17-18). El problema es que la sociedad occidental ha tratado de deshacerse, esquivando o reprimiendo la dimensión afectiva. En la búsqueda de la objetivad, a partir de la modernidad cualquier intromisión subjetiva era vista como un alejamiento de los ideales últimos de certeza y verdad. La fuerza con la que se construyó Occidente, afirma Murillo, se obtuvo a partir de la desconfianza, el miedo y la obsesión por la seguridad (Descartes, por ejemplo) (2013: 21, 22).

Esta obsesión por la seguridad y la certeza ha sido traspasada a la ciudadanía. El miedo reina, lo cual justifica en parte a su vez el ejercicio del poder que promete erradicarlo. Esta búsqueda de seguridad, sostiene Murillo, ha solido darse a través de la violencia (S.XX) y mediante la declaración de enemigos comunes (2013: 28-29). Sin embargo, a juicio de Murillo, en la actualidad vivimos un despertar con respecto al miedo y los abusos de poder, a raíz de una cierta restauración de la confianza, lo cual ve con buenos ojos, pues, si ésta es pilar fundamental de la vida en comunidad, su mantenimiento se vuelve esencial. Pero no está a favor de una confianza ciega, ya que ésta eliminaría la distancia, el espacio y los límites necesarios que nos permitirían ver y reconocer al otro. La confianza absoluta enceguece así cualquier tipo de raciocinio, al no haber luz que nos permita ver. Pero a su vez, la desconfianza también deriva en problemas, pues, con respecto a la distancia, el espacio aquí se vuelve infinito, no lográndose tampoco reconocer al otro, ni a nosotros mismo en él. Murillo propone lo que denomina como “confianza lúcida”, la cual permita lograr un espacio justo para el reconocimiento mutuo (2013: 43, 45, 68).

No obstante, ¿cómo medir o cuantificar esta distancia justa? ¿Cómo evitar tanto el alejamiento invisibilizador como el acercamiento asfixiador? La confianza lúcida se asemeja al término medio Aristotélico como estrategia para identificar virtudes. Ambos en la práctica parecen complejos de aplicar y suponen definiciones difíciles de consensuar. Comparto con Murillo que en la actualidad hay una mayor confianza, sin embargo, no generalizada. La desconfianza hacia lo institucional, hacia lo oficial, contrario a lo que sucedía en la modernidad, se mantiene. La confianza actual tiende a reposar en lo alternativo, en lo informal, en lo no académico. Esto era de esperarse. Como se ha analizado bajo el concepto de “posverdad”, lo que aqueja a nuestro tiempo es una proliferación exagerada de certezas. Al no haber “verdad”, en sentido moderno, dificulta la detección de falsedades y, en consecuencia, no permite proliferar la desconfianza. Y es que la desconfianza supone que podemos confiar en el algo. Pero al no haber criterios necesarios y/o universales para esto, la desconfianza se vuelve irracional, remitiéndose ahora solo, precisamente, a las entidades que pretenden serlo. Y es que en el fondo, la confianza y la desconfianza van de la mano.

Eduardo Schele Stoller.

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