Fotografía, referencia y muerte

No hay comentarios

Con respecto a la fotografía, Barthes nos señala que ésta reproduce al infi­nito lo que únicamente ha tenido lugar una sola vez, resaltando en ella el acontecimiento mismo, el cual no se so­brepasa jamás para acceder a otra cosa. La fotografía remite así, lejos de la reflexión, solo al cuerpo particular y contingente que vemos. No posee marcas ni, en consecuencia, signos, por lo que la fotografía se vuelve, a juicio de Barthes, inclasificable (1999: 31, 34). Su característica primordial radica más bien en permitirnos el retorno de lo muerto, en la transformación del sujeto en objeto y, con esto, también en espectáculo, pues ante la foto no somos solo aquellos que queremos ser, sino que, por sobre todo, aquellos que quisiéramos que crean que somos (1999: 39, 46)

Barthes denomina como “referente fotográfico” no a la cosa facultativamente real a que remite una imagen o un signo, sino a la cosa necesariamente real que ha sido colocada ante el objetivo y sin la cual no habría fotografía. A diferencia de la pintura, que puede fingir la realidad sin haberla visto, y del discurso, que combina signos y que tienen referentes que son a menudo «quime­ras», la fotografía nos muestra un referente pasado real (1999: 135, 136). La presencia de esta cosa nunca es meta­fórica, sino que la foto es siempre una emanación del referente. Una especie de cordón umbilical, afirma Barthes, une el cuerpo de la cosa fotografia­da, podríamos decir, directamente, a nuestra mirada. La fotografía, en este sentido, es autentificación, lo que significa que podrá mentir sobre el sentido de una cosa, pero no de su existencia, siendo, por tanto, un certificado de presencia del pasado. Desde la fotografía el pasado se vuelve tan seguro como el pre­sente, pues lo que se ve en el papel es tan seguro como lo que se toca (1999: 139, 142-143, 150-151, 152).

Desde un punto de vista fenomenológico, concluye Barthes, en la foto­grafía el poder de autentificación prima so­bre el poder de representación (más ontológica que epistemológica) (1999: 155) ¿Qué se infiere de esto? Pues que más que creación en la fotografía hay reproducción de lo evidente. Esto nos puede explicar la adicción y carencia mental de quienes gustan de autorretratarse compulsivamente frente a una cámara, los cuales tienden a verse como meros objetos, en vista de perpetuarse al infinito, en un deseo de no morir, tanto para sí mismo como para los demás. Para lograr este engaño, parece un sacrificio menor el renunciar a la privacidad. He allí el carácter público de la fotografía contemporánea.

Eduardo Schele Stoller.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s