El mito de Sísifo

Ignorance is bliss

A juicio de Camus, no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio y, en relación a esto, el juzgar si la vida vale o no la pena vivirla. La vida es una lucha por evadir este cuestionamiento trascendental, ante lo absurdo, lo irracional y nostalgia de la incerteza de nuestra existencia. Junto a esto, padecemos de un deseo profundo de unidad, solución, claridad y cohesión. No sabemos si todo esto existe de hecho, pero sí somos conscientes de que no podríamos comprenderlo del todo. Este sentimiento nos amarra a una responsabilidad cognitiva angustiante. De este problema, sostiene Camus, escapan, por ejemplo, místicos y esclavos, ya que estos lograr llegar a sentirse libres frente a sí mismos, trascendiendo a su propia conciencia, la cual pasa a diluirse en el todo (místicos) o a entregarse a una autoridad externa (esclavo). Una forma de liberarse es no pertenecerse a sí mismo. En este sentido, la muerte también libera.

Para el hombre absurdo, afirma Camus, se trata solo de sentir y describir. Si bien, a su juicio, la explicación es inútil, subsiste al menos la sensación, la que se ha traducido en el arte, desde donde se lanzan las pasiones absurdas y en el que se detiene el razonamiento. Todo pensamiento que renuncia a la unidad exalta la diversidad, y la diversidad, señala Camus, es el lugar del arte. El reconocer libremente lo absurdo se constata como una rebelión, asumiendo la inutilidad de la creación absurda.

Y es que nuestra propia vida es absurda. Esto es lo que ilustra Camus a través del mito de Sísifo, quien, condenado por los dioses debía subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. No hay castigo más terrible, afirma Camus, que el trabajo inútil y sin esperanza. Sísifo es el héroe absurdo. Su desprecio a los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron el suplicio de no acabar nada. Ahora bien, si este mito es trágico, lo es solo porque su protagonista tiene conciencia (cuando desciende a buscar la roca que ha caído).

El obrero actual, señala Camus, trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo que el de Sísifo. Pero no es trágico sino en los momentos en que se hace consciente. Pero el esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo, nos dice Camus, dichoso. Sin embargo, ¿en qué radica esta dicha? Pues en perder el tiempo, en no ser consciente del mismo y de la muerte, en tratar de luchar contra el absurdo dándole un sentido a la existencia. Mejor hacer algo, estar ocupados, a no hacer nada. Cotidianamente luchamos contra la conciencia, contra la tragedia de constatar que nuestras acciones no tienen sentido. En este marco, el trabajo acompañado de la ignorancia será siempre una dicha.

Eduardo Schele Stoller.

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