La vida como un bien

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Es cierto, como señala Savater, que no nacemos para la muerte, sino a partir de la muerte, esto es, desde una eternidad en la cual no hemos sido. Si bien la muerte borra lo que somos, no borrará el hecho de que hemos sido y de que aún somos. Nuestro propio ser ya cuenta como una derrota ante la muerte. Así, cree Savater, la desesperación por nuestra mortalidad pasa a la alegría por sentirnos vivos. La alegría la considera como la constatación de que lo más grave que podía ocurrimos se ha revertido ya al nacer (34, 36).

Pero, ¿el hecho de vivir la vida ya nos permite valorarla como buena? En parte, sí, ya que toda valoración supone nuestra existencia. Hasta el más pesimista debe suponer que existe, por contraparte, un optimismo igual de real que su negatividad, pues, de lo contrario, no habría contraste desde cual evaluar su punto de vista. Como se ha dicho, los valores son polares, es decir, suponen un opuesto. El pesimista, más que quejarse de la existencia, se queja de las condiciones en las que se le ofrece, condiciones que efectivamente el valora negativamente. En este sentido, la vida, en sí misma, no puede ser ni buena ni mala. Lo bueno y lo malo son las valoraciones que hacemos sobre la vida. Mientras que la muerte, en cambio, desde la vida, sí puede ser considerada como un mal, ya que en ella no hay valoración posible. Si bien en la vida puede que de hecho que reine el mal, cabe también la posibilidad de que exista el bien, y esto, la convierte en un bien ¿Cómo explicar sino los episodios de alegría?

La alegría, de hecho, es esencial, pues nos aligera la existencia fomentando la libertad frente al absurdo de lo fatal. Efecto de este interés, afirma Savater, brotan los artificios creadores de libertad y sentido, tales como el arte, la poesía, el espectáculo, la ética, la política, la santidad. Todas herramientas que buscan aligerar la evidencia de la muerte (36-37). Todas estas actividades pueden considerarse como sublimaciones de la muerte. Mientras mayor sea el grado de sublimaciones que alcancemos mediante una actividad, mayor será la alegría que consecuentemente nos genere, pues nos habrá alejado más, emocionalmente, de la verdad. Y es que en el fondo, siempre que nos reímos, nos reímos de la muerte.

Eduardo Schele Stoller.

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