El mundo como voluntad y representación

El mundo, nos dice Schopenhauer, es mi representación. Es decir, la existencia se da como representación, en relación a otro, a un sujeto. Si el mundo como representación existe por y para el entendimiento, el objeto siempre supondrá al sujeto, no habiendo entre ellos, por tanto, ninguna relación de fundamento y consecuencia, sino que, para Schopenhauer, son uno solo. Objeto y representación son lo mismo[1] (2011: 31, 40, 42).

Pero el mundo no solo es representación, sino que también voluntad. Mientras permanecemos en la pura intuición asociada a ésta, señala Schopenhauer, todo es claro, firme, cierto, no hay preguntas, ni dudas. No queremos ni podemos ir mas allá, sino que nos sentimos aquietados y satisfechos en el presente. La intuición se basta a sí misma (2011: 32, 63). Pero con el conocimiento abstracto, con la razón, apareció la duda, el error en lo teórico, la preocupación y el arrepentimiento práctico. Si bien, sostiene Schopenhauer, gracias a la razón superamos en poder al animal, debido a ésta también los superamos en sufrimiento. Mientras, producto de la intuición, ellos viven sólo en el presente, nosotros lo hacemos a la vez en el futuro y en el pasado, lo cual da paso además a la conciencia de la propia muerte. Es por este motivo, afirma Schopenhauer, que poseemos filosofías y religiones (2011: 63-65, 112).

Toda ciencia partirá de estas intuiciones básicas no demostrables. El mundo entero, sostiene Schopenhauer, descansa y hunde sus raíces en el mundo intuitivo. Toda evidencia última, originaria, es intuitiva. La voluntad es lo a priori, la cosa en sí. La representación es fenómeno de la voluntad (2011: 93, 138). La voluntad como esencia, como el en sí del mundo, ¿qué busca? ¿cuál es su fin? Al estar fuera del tiempo y el espacio, que son solo dominios de la representación, Schopenhauer nos dice que la pregunta no es procedente, pues preguntamos sobre la cosa en sí como si fuese un fenómeno. La cosa en sí carece de fundamento, pues se halla fuera del ámbito del principio de razón. Todo acto singular, señala Schopenhauer, tiene un fin, el querer en su conjunto no tiene ninguno (2011: 192, 194)

Este tipo de preguntas esencialistas superan la capacidad de nuestro entendimiento, ya que este se centra, a juicio de Schopenhauer, solo en lo fenoménico, y aquí se centran los límites de toda filosofía, pues la esencia íntima de las cosas no es nada cognoscente. Schopenhauer recrimina a Kant el haber invertido el orden del conocimiento[2], debido a que no es primero ni determinante el concepto para la intuición y lo sensible, sino que es la reflexión la que es la copia de la intuición (2011: 1077, 1120). Pero si el límite del conocimiento es el fenómeno, es decir, nuestra representación, ¿cómo es que Schopenhauer se refiere a algo más allá de esto, a la voluntad? Siendo coherentes con los principios aquí citados, deberíamos hablar solo de un mundo como representación, pues si hablamos de voluntad desde lo fenoménico esta pasa a convertirse en una representación más. Como ha señalado Wittgenstein en el Tractatus, pareciera que, desde un enfoque empirista como el de Schopenhauer, para evitar sin sentidos y contradicciones ante estos temas delimitadores del conocimiento, es preferible adoptar el silencio.

Eduardo Schele Stoller.

[1] Por tal motivo, a juicio de Schopenhauer, tanto el dogmatismo realista como el escepticismo se equivocan (2011: 42).

[2] Aunque sí le reconoce la distinción entre fenómeno y cosa en sí (2011: 1120)

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Un pensamiento en “El mundo como voluntad y representación

  1. Realmente inquietante, pero los humanos solo nos movemos entre humanos no en el universo, solo nos acercamos o alejamos de otras personas, el movimiento es con respecto a los otros no a lo otro. Lo “Otro” es lo desconocido porsupuesto. Descubramos desde ya que la verdad es imposible en convivencia con la sociedad y la moral, yaque esta categoriza y disminuye aun mas la conciencia natural, es mejor no conocer la verdad si se ama la libertad. Asi la verdad social pasa a ser mas importante que la verdad natural, asi hacer ciencia es perder el tiempo y la busqueda de la vida no se transforma en un objetivo sino en solo vivir el instante, por esto que tambien ya no es necesaria la religion “todo de todo nos separa, nada a todo nos une”

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