¿Ciencias sociales?

¿Qué hace que una ciencia sea ciencia? ¿Cuáles son los criterios que nos permiten catalogar a una disciplina como “científica”? Responder a esta pregunta implica definir este concepto, sin embargo, las diversas áreas que han sido colocadas bajo su nombre impiden un consenso claro o evidente que nos facilite esta tarea. Aquí profundizaré solo en un par de estas.

Si nos remitimos al origen griego de la palabra; episteme se entendía, por ejemplo por Aristóteles, como un conocimiento de tipo netamente teórico, abstracto, especulativo y desinteresado, cuyo único fin era desvelar, como diría Platón, el manto de apariencias para acercarnos a la verdad. En suma, se constituía como un saber por el mero placer de saber. El paradigma científico griego tendía a sobrevalorar la importancia de las disciplinas teóricas por sobre las prácticas, puesto que las primeras daban cuenta de un conocimiento de causas, leyes y primeros principios, mientras que las áreas prácticas del conocimiento, tales como la técnica, priorizaban el saber hacer, en vista de manipular y obtener beneficios del entorno.

El medioevo hereda este paradigma, manteniendo la distinción entre artes serviles (prácticas) y liberales (teóricas). Hubo que esperar hasta la aparición de Francis Bacon (1561-1626) para que esta valoración se invirtiera. El interés de Bacon era aplacar las condiciones denigrantes en las cuales se encontraba el ser humano. Una herramienta esencial para esto era una ciencia, ya no desinteresada, sino que comprometida con la contingencia social, para generar cambios, progresos, beneficios. Ya no saber por saber, sino que saber para obtener poder. La demanda de Bacon es así la de aplicar la ciencia a problemas prácticos. Es por esto que se ha considerado como el padre de la tecnología, entendiendo esta como “ciencia aplicada”. A diferencia del técnico, el tecnólogo sabe tanto como un científico de causas, procesos y propiedades, sin embargo, su fin es otro; la intervención, el generar productos prácticos. De hecho, a diferencia del paradigma griego, Bacon considera que la naturaleza se conoce mejor manipulándola, experimentado con ella. De allí su demanda a sistematizar el trabajo que se realizaba en los diversos tipos de talleres de la época, labor que terminaría posteriormente en la creación de la enciclopedia.

Con este nuevo paradigma toma un valor primordial en la actualidad disciplinas como la medicina y la ingeniería. Si lo pensamos bien, en estricto rigor, ninguna de estas es una ciencia, pues su objetivo es más bien práctico, curar y construir, es decir, aplicar conocimientos científicos a intereses determinados ¿Qué son entonces? Bajo el criterio baconiano, deberían considerarse más bien como tecnologías. ¿Qué ocurre con las ciencias sociales? ¿Está bien denominarlas como tales? Para aclarar esto no basta remitirnos al método que implementa cada una de estas disciplinas. La historia, la economía, la sociología, la psicología, pueden muy bien ocupar el rigor del método que emplea un físico, un químico o un biólogo teórico. No obstante, es en el resultado en donde se diferencian. Si el resultado es la mera descripción de un fenómeno, nos movemos en al ámbito de la ciencia, mientras que si buscamos ir más allá de la mera interpretación extendiéndonos a la manipulación, nos acercamos más bien a la tecnología. La historiografía, por ejemplo en el caso de la historia, no sería una mera interpretación del pasado, ya que el interés suele estar más en ciertas disconformidades del presente, ante las cuales se buscan generar ciertos cambios sociales a futuro.

Si el paradigma positivista, heredero del empirismo de Bacon y autores posteriores, busca la objetividad, ésta será más fácil de alcanzar en la medida que más nos alejemos de nuestro objeto de estudio. Al estar las disciplinas recién citadas inmersas en lo que se busca interpretar, el conflicto de interés parece ineludible. Las “ciencias sociales”, en consecuencia, deberían más bien definirse como “tecnologías sociales”, pues, en su mayoría, aplican conocimientos y métodos científicos a interés prácticos de manipulación o reordenamiento político y/o cultural, no quedándose en la mera descripción de los fenómenos, sino que llegando a normativizar acciones para lograrlo.

Eduardo Schele Stoller.

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