Baudrillard: cultura y simulacro

Baudrillard entiende el simulacro en sintonía con la representación. Por ejemplo, si pensamos en la religión, algunas de estas prohíben las imágenes representativas de la divinidad, no porque no puede hacerse, sino porque al disgregarse en simulacros perdería la instancia suprema de idea pura e inteligible a la que aspira, al hacerse visible el aparato de iconos que la sustenta (10). Sin embargo, Baudrillard considera que Dios no ha sido nunca, es decir, que sólo ha existido su simulacro, que nunca ha sido otra cosa que su propio simulacro, y es por esto que la religión iconoclasta pretenda destruir cualquier intento de imagen; para no revelar así atisbo de esta ficción (11). Por contraparte, los iconólatras (adoradores de imágenes) fueron para Baudrillard espíritus más modernos, más aventureros, ya que tras la fe en un Dios posado en el espejo de las imágenes, estaban representando la muerte de este Dios y su desaparición en la epifanía de sus representaciones, que disimulan el vacío que hay tras ellas (12).

Pero este no es solo un conflicto propio de la religión, ya que toda la fe occidental, señala Baudrillard, se ha comprometido en esta apuesta de la representación. La simulación ha envuelto todo el edificio de la representación tomándolo como simulacro, dándose una transición desde unos signos que disimulan algo a unos signos que disimulan que no hay nada. Los primeros, afirma Baudrillard, remiten a una teología de la verdad y del secreto, mientras que los segundos inauguran la era de los simulacros y de la simulación en la que ya no hay un Dios que reconozca a los suyos, ni Juicio Final que separe lo falso de lo verdadero (13-14). A mi juicio, es en esta segunda etapa en la cual nos encontramos actualmente; un simulacro que ya no simula nada.

Cuando lo real ya no es lo que era, Baudrillard considera que nace la nostalgia, esto es, pujanza de los mitos del origen y de los signos de realidad, de la verdad, la objetividad y la autenticidad. Se clama por una resurrección de lo figurativo allí donde el objeto y la sustancia han desaparecido (15). La nostalgia surge, además, debido a que, como ha señalado Cassirer, somos animales simbólicos. El problema es que tendemos a adorar más el signo que el significado, la imagen que lo representado. Vivimos en una sociedad de simulacro iconolastra, la cual se rige por un culto a las imágenes y en donde ya no importa saber lo que representan.

Eduardo Schele Stoller.

 

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