Heidegger y la pregunta por el ser

La pregunta por el sentido del ser, señalaba Heidegger, ha caído en el olvido. Si el preguntar es una búsqueda, todo buscar esta guiado previamente por aquello que se busca. Elaborar la pregunta por el ser, por tanto, significará hacer que un ente, el que pregunta (el Dasein), se vuelva transparente (22-23, 26, 28). El Dasein (ser humano) tiene, afirma Heidegger, una relación privilegiada en la pregunta por el ser. Poseemos una primacía ontológica (ser es siempre el ser de un ente), puesto que la comprensión del ser es ella misma una determinación del ser del Dasein (29- 30, 33).

Ahora bien, el Dasein se comprende siempre a sí mismo desde su existencia, desde una posibilidad de sí mismo. Estas las ha escogido o ha ido a parar a ellas. La existencia determina al Dasein. La comprensión der ser se hace así accesible dentro del mundo. El sentido del ser del Dasein, sostiene Heidegger, es la temporeidad. Desde donde el ser comprende e interpreta es el tiempo. La historicidad es la constitución del ser del acontecer del Dasein (33-34, 38, 41). Pero su historicidad puede quedarle oculta, ya que el Dasein cae en el mundo, en el mundo en el que es y se interpreta por el modo como se refleja en él, quedando así a merced de su propia tradición. El problema es que, como señala Heidegger, la tradición oculta las fuentes de lo transmitido. Pretende que olvidemos su origen. La tradición desarraiga así la historicidad del Dasein. Por esto es que se vuelve necesaria una destrucción, esto es, deshacerse de los encubrimientos de la tradición (41-43).

La forma de hacer esto es, considera Heidegger, a través de la fenomenología, método que nos permitiría ir a las cosas mismas. El fenómeno es entendido como lo que se muestra, lo patente, visible en sí mismo, como lo aparente (48-49). Fenomenología significa entonces hacer ver desde sí mismo aquello que se muestra. Y hacerlo ver tal como se muestra desde sí mismo. Su objetivo es poder llegar a las cosas mismas. La ontología es así solo posible como fenomenología. La fenomenología es la ciencia del ser del ente (54-57).

La esencia del Dasein, afirma Heidegger, consiste en su existencia. El Dasein es cada vez esencialmente su posibilidad, la cual se da en su existencia. Descartes, por ejemplo, solo se preocupó del cogito, pero descuidó lo más importante, el sum. Heidegger se plantea en cambio la pregunta ontológica por el ser del sum. Solo cuando este haya sido determinado podrá comprenderse el modo de ser de las cogitationes (63-64, 67).

El conocimiento es, por tanto, una modalidad del ser del Dasein en cuanto estar en el mundo. El Dasein solo puede descubrir al ente como naturaleza en un modo determinado de su estar en el mundo (82, 87). Estar en el mundo quiere decir: absorberse a temática y circunspectivamente en las remisiones constitutivas del estar a la mano del todo de útiles. El espacio solo puede concebirse a partir del mundo. Si el Dasein está absorbido por su mundo, la sustancia del hombre no es el espíritu, sino la existencia (97, 133-134, 137).

El Dasein, afirma Heidegger, no logra liberarse jamás de este estado interpretativo cotidiano en el que primeramente ha crecido. En él, desde él, contra él se lleva a cabo toda genuina comprensión, interpretación, y comunicación. El Dasein no llega a un mundo en sí. Predomina así el estado interpretativo público. Este determina lo que se ve y cómo se le ve. El Dasein se absorbe en lo público, en la convivencia. De allí que Heidegger afirme que el hombre ha caído en el mundo (188, 193).

Podemos considerar el enfoque de Heidegger pues en radical oposición al de Descartes, ya que no pensamos y luego existimos, sino que primero existimos, y dependiendo de cómo sea esta existencia es como pensaremos. En este marco, nuestra historicidad toma una radical importancia, pues un análisis de ésta será una precondición para analizarnos a nosotros mismos y, después de logrado esto, volver a la pregunta por el ser, cuya respuesta siempre estará mediada por el entorno en donde el hombre ha caído. La respuesta por el ser, en consecuencia, podrá tener respuesta, sin embargo, ésta no será unívoca.

Eduardo Schele Stoller.

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