Ciencia, religión e inteligencia

Un reciente estudio publicado por los científicos Edward Dutton y Dimitry Van der Linden ha concluido que religión e inteligencia no van de la mano. Estos autores asocian la creencia religiosa a una tendencia instintiva o evolutiva en el ser humano, lo cual implicaría una facultad mental inferior, mientras que la inteligencia se entiende como la elevación por sobre estas demandas instintivas, las que solo nos llevarían a la creencia ciega y dogmática.

La inteligencia entendida como resolución de problemas es definida así como la superación de un instinto, siendo intelectualmente curioso y estando abierto a nuevas posibilidades no determinadas por nuestra naturaleza. Si estos son los criterios de inteligencia, según Dutton y Van der Linden, el religioso dista mucho de poseerlos, pues, para éste, los problemas no se resuelven, sino que se acomodan o se responden directamente desde la creencia, no jugando, por tanto, un rol importante la racionalidad, la duda y el cuestionamiento.

Ante lo anterior uno podría enunciar dos críticas. La primera se centra en la definición misma de inteligencia. Dutton y Van der Linden entienden esta capacidad estrictamente en sentido cognitivo, es decir, resolver problemas probablemente ligados al aprendizaje (lógico, lingüístico, matemático), dejando fuera otros tipos de teorías como la de las inteligencias múltiples. Sin embargo, aquí cabría preguntar ¿Encaja la persona religiosa en algunas de estas teorías? ¿Cognitiva? ¿Creativista? ¿Emocional? Su creencia no tiene por qué excluirla del desarrollo de algunas de estas habilidades, pero si es cierto que ésta puede llegar a ser un impedimento para una más libre implementación de las mismas. Al dar las religiones más respuestas que preguntas no nos invitan a pensar tanto como otras disciplinas, aunque quizás en esto la ciencia tampoco se quede atrás.

La segunda crítica refiere a que el criterio mismo de inteligencia, entendida como resolución de problemas y superación de lo instintivo-evolutivo, viene desde la misma ciencia ¿No genera esto un conflicto de interés? Es como decir: los científicos hemos concluido que los científicos somos más inteligentes que los religiosos. Un criterio es coherente con su mismo paradigma o juego de lenguaje, pero no tengo por qué extenderlo a otros tipos de creencias o formas de vida. Inmortalizar o apropiarse del significado de un concepto puede llegar a ser muy dogmático y, en definitiva, no muy inteligente.

Eduardo Schele Stoller.

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