Nagel y la insensatez del subjetivismo

Hoy en día, nos advierte Thomas Nagel, reina un escepticismo con respecto a la razón. El relativismo, por ejemplo, se ha convertido ya casi en una acto reflejo, al apelar a que no existe ninguna forma objetiva juicio o que ninguna conclusión puede reclamar validez mas allá de la comunidad cuya aceptación la valida. Lo anterior contrasta con la idea de una razón que defiende Nagel, que remite a métodos justificados que no son locales ni relativos, sino que aspira a alcanzar la verdad y llegar a principios que son universales y que no tienen excepciones. Razonar es pensar sistemáticamente en formas que cualquiera sea capaz de reconocer como correctas. Esta es la generalidad que reniegan relativistas y subjetivistas.

Para Nagel, estas posturas son vacuas o auto contradictorias. Por ejemplo, el concepto de subjetividad exige siempre un marco objetivo, dentro del cual se ubica el sujeto y se describe su perspectiva especial o su conjunto de respuestas. El subjetivista no puede abandonar así completamente el punto de vista de la justificación, es decir, de búsqueda de fundamentos objetivos. El intento de identificar lo subjetivo y relativo lleva inevitablemente a lo objetivo y universal. Descubrimos la razón objetiva, afirma Nagel, descubriendo que tropezamos con ciertos limites cuando nos preguntamos si nuestras creencias o valores son subjetivos, culturalmente relativos, o dependientes de alguna otra perspectiva. La idea de razón emerge del intento de distinguir lo subjetivo de lo objetivo.

En suma, lo que Nagel nos quiere decir es que para replicar a los cuestionamientos sobre la razón debemos necesariamente hacerlo con otros argumentos racionales. Cualquier cuestionamiento formulado contra el razonamiento tendrá que contener su propio razonamiento, y esto, señala Nagel, solo podrá ser evaluado racionalmente, o sea, por medio de métodos que aspiren a una validez general. Esto quiere decir que la razón y la objetividad no son productos de un consenso, sino que, por el contrario, éste precisamente es posible gracias a la razón. Los pensamientos lógicos simples, afirma Nagel, dominan a todos los demás, pues no hay posición intelectual alguna que podamos ocupar desde la cual sea posible someter a escrutinio esos pensamientos sin presuponerlos. Por esta razón además están a salvo del escepticismo, ya que no pueden ser cuestionados sin aludir a ellos mismos.

Cualquier crítica a la razón será, por tanto, auto contradictoria, pues, como ha afirmado Nagel, una interpretación de la razón se convierte en nada más que otra hipótesis acerca del mundo y de nuestra relación con él, volviéndose, en última instancia, objeto de evaluación racional. El subjetivismo acerca de la razón se derrota a sí mismo.

Eduardo Schele Stoller.

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