Nagel y la insensatez del subjetivismo

Hoy en día, nos advierte Thomas Nagel, reina un escepticismo con respecto a la razón. El relativismo, por ejemplo, se ha convertido ya casi en una acto reflejo, al apelar a que no existe ninguna forma objetiva juicio o que ninguna conclusión puede reclamar validez mas allá de la comunidad cuya aceptación la valida. Lo anterior contrasta con la idea de una razón que defiende Nagel, que remite a métodos justificados que no son locales ni relativos, sino que aspira a alcanzar la verdad y llegar a principios que son universales y que no tienen excepciones. Razonar es pensar sistemáticamente en formas que cualquiera sea capaz de reconocer como correctas. Esta es la generalidad que reniegan relativistas y subjetivistas (2000: 16-17).

Para Nagel, estas posturas son vacuas o auto contradictorias. Por ejemplo, el concepto de subjetividad exige siempre un marco objetivo, dentro del cual se ubica el sujeto y se describe su perspectiva especial o su conjunto de respuestas. El subjetivista no puede abandonar así completamente el punto de vista de la justificación, es decir, de búsqueda de fundamentos objetivos. El intento de identificar lo subjetivo y relativo lleva inevitablemente a lo objetivo y universal (2000: 18, 27-28). Descubrimos la razón objetiva, afirma Nagel, descubriendo que tropezamos con ciertos limites cuando nos preguntamos si nuestras creencias o valores son subjetivos, culturalmente relativos, o dependientes de alguna otra perspectiva. La idea de razón emerge del intento de distinguir lo subjetivo de lo objetivo (2000: 35).

En suma, lo que Nagel nos quiere decir es que para replicar a los cuestionamientos sobre la razón debemos necesariamente hacerlo con otros argumentos racionales. Cualquier cuestionamiento formulado contra el razonamiento tendrá que contener su propio razonamiento, y esto, señala Nagel, solo podrá ser evaluado racionalmente, o sea, por medio de métodos que aspiren a una validez general. Esto quiere decir que la razón y la objetividad no son productos de un consenso, sino que, por el contrario, éste precisamente es posible gracias a la razón (2000: 36, 41). Los pensamientos lógicos simples, afirma Nagel, dominan a todos los demás, pues no hay posición intelectual alguna que podamos ocupar desde la cual sea posible someter a escrutinio esos pensamientos sin presuponerlos. Por esta razón además están a salvo del escepticismo, ya que no pueden ser cuestionados sin aludir a ellos mismos (2000: 75).

Cualquier crítica a la razón será, por tanto, auto contradictoria, pues, como ha afirmado Nagel, una interpretación de la razón se convierte en nada más que otra hipótesis acerca del mundo y de nuestra relación con él, volviéndose, en última instancia, objeto de evaluación racional. El subjetivismo acerca de la razón se derrota a sí mismo (2000: 101, 104). Si, como cree Nagel, estamos condenados a creer, tanto el subjetivismo como el relativismo son impedimentos para tal labor. Quizás esto explique la creciente pereza intelectual y argumentativa en las humanidades.

Eduardo Schele Stoller.

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