Berkeley y el escepticismo

Para el filósofo y obispo irlandés George Berkeley, las cualidades de las cosas no existen realmente aisladas por sí mismas, ya que el ser de los cuerpos consiste en que sean percibidos o conocidos por una persona. Esto significa que el objeto y la sensación son la misma cosa y que no puede por tanto ser abstraída la una de la otra. Por lo tanto, afirma Berkeley, solo hay sustancias espirituales, esto es, capaces de ser percibidas (1985: 68) Así, las ideas de extensión, figura, movimiento (cualidades primarias), son ideas que existen en la mente. De existir los cuerpos externos, señala Berkeley, nunca podremos saberlo, de ahí que la existencia absoluta de las cosas independientes de todo pensamiento vendría a ser un absurdo y algo imposible de entender, puesto que pensamientos, sensaciones e ideas, las cuales constituyen a las cosas, no pueden existir si no es en una mente que las perciba (1985: 34, 64, 81).

Si bien, advierte Berkeley, no puedo dudar de que lo que percibo existe, los sentidos no pueden provocar la existencia extra mental de una cosa no percibida por ellos. También advierte de que los objetos no existen sólo cuando yo los percibo, ya que puede haber otros que los perciban. Los cuerpos no tienen existencia fuera de cualquier mente, pero esto es afirmado por Berkeley en sentido general, no acotado a un solo individuo (1985: 93, 99).

Un punto interesante es, en base a estos postulados, cuál sería la raíz del escepticismo. Este existirá mientras el hombre piense que las cosas subsisten realmente fuera de la inteligencia y que el conocimiento se condice con cosas reales. De estas consideraciones, se sigue que nunca se puede tener certeza de que el conocimiento se relacione a algo externo, puesto que conocemos sólo apariencias y no cualidades reales de las cosas. No obstante, señala Berkeley, si las consideramos como sensaciones de la mente serían perfectamente cognoscibles. De lo anterior se desprende que el escepticismo asume el realismo, ya que el escéptico dirá que somos ciegos con respecto a la naturaleza real y verdadera de las cosas, suponiendo así que existen objetos con independencia de la mente. De existir esta materia externa, recalca Berkeley, no sería posible conocer la naturaleza ni aun la existencia de las cosas (1985: 130, 141).

En síntesis, de acuerdo a esta delimitación a un plano interno de las percepciones, las creencias humanas no podrán nunca condecirse con algo externo a ellas, puesto que la existencia como tal Berkeley la basa en la percepción misma. Cuando no hay sentidos de por medio, no habrá existencia. La realidad queda así circunscrita a lo percibible. El escepticismo, como vimos, supone la división entre lo aparente (sentidos) y lo real (lo externo). Berkeley elimina esta problemática derivándolo todo desde lo aparente, lo cual se convierte ahora en lo único “real” que podríamos llegar a conocer. De allí el carácter limitativo que Berkeley le asigna a nuestras creencias, puesto que estas deberían versar sólo sobre una perspectiva antropocéntrica, olvidándonos de acceder a las propiedades esenciales de las cosas.

Eduardo Schele Stoller.

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