Byung-Chul Han y la sociedad del cansancio/ Eduardo Schele

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han afirma que toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. La nuestra se centra en lo neuronal, en condiciones como la depresión, el déficit atencional, la hiperactividad y trastorno limite de la personalidad. Esto radica, a su juicio, en el exceso de positividad de nuestra era.

El siglo XX basaba su enfermedad en lo inmunológico ante lo extraño, intentando eliminar así la causa de la otredad, el cual era visto como el enemigo. Pero ahora, en el siglo XXI, ha desaparecido la otredad y la extrañeza, reemplazándose, señala Han, por una diferencia no generativa de enfermedad. Lo extraño se sustituye por lo exótico, lo que se recorre ahora como un turista. El otro pasa a ser visto como una carga más que como una amenaza (inmigrantes, por ejemplo).

Han considera que ahora vivimos bajo un sistema dominado por lo idéntico y por una violencia de la positividad centrada en la necesidad de una superproducción y superrendimiento. Lo anterior ha derivado en un agotamiento, fatiga y asfixia crónicos. Esta es una forma de violencia nueva, invisible e inherente al sistema mismo. Es una violencia neuronal que da lugar a infartos psíquicos. La violencia positiva, sostiene Han, no es privativa, sino saturativa; no es exclusiva, sino exhaustiva.

La sociedad disciplinaria de la negatividad (prohibición) de la cual hablaba Foucault (psiquiátricos, hospitales, cárceles) ha dado paso a una sociedad del rendimiento. Del no poder (obligación, deber) al poder del rendimiento (“yes, we can”), a la era de los proyectos, de la iniciativa y la motivación. Pero con esto, hemos pasado de una sociedad que generaba locos y criminales a una que produce depresivos y fracasados. El imperativo del rendimiento, sostiene Han, deriva en almas agotadas y en individuos con falta de soberanía, que tan solo dedican su tiempo a trabajar, explotándose voluntariamente a sí mismos, volviéndose en verdugos y víctimas al mismo tiempo.

¿Cómo salir de esta condición en una era en donde prima, afirma Han, una hiperatención que no nos da espacio para la atención profunda y contemplativa? Es de la falta de Ser que surge el nerviosismo y la intranquilidad, siendo la desnarrativización la que ha desnudado nuestras vidas. Ante esto no queda mas que el dopaje, pero a costa de un rendimiento sin rendimiento. Es el exceso del aumento de rendimiento el que termina provocando el infarto del alma.

Eduardo Schele Stoller.

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