El panóptico contemporáneo

¿A qué refiere originalmente el panóptico de Jeremy Bentham? Este “ojo del poder”, nos señala Foucault, alude en principio a un prototipo construcción penitenciaria, la cual tenía las siguientes características:

En la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el interior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno (1973: 10).

Bentham crea con esto una tecnología de poder específica para resolver los problemas de vigilancia. Esto comienza a responder a necesidades nuevas. En la antigüedad, señala Foucault, el arte de construir buscaba manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia, por ejemplo, constituían las grandes formas mediante las cuales se manifestaba el poderío de un soberano o de Dios (1973: 11). Esto comienza a cambiar a finales del siglo XVIII, donde la organización del espacio comienza a servir a fines económico-políticos, a través de la intención de una vigilancia universal y de una técnica del ejercicio de un poder “omni-contemplativo” (1973: 12, 15).

Bajo esta estrategia, como sostiene Foucault, ya no hay necesidad de armas, de violencia física, ni de coacciones materiales. Basta con la amenaza de una mirada vigilante, la cual termine por ser interiorizada hasta tal punto que los individuos pasen a vigilarse a sí mismos. Con esta fórmula se aseguraba el ejercicio de un poder continuo mediante un coste mínimo (1973: 18). La perpetuación de este poder se aseguraba además debido a que, a diferencia de la antigüedad, el poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo o institución particular que lo ejerza. Sino que el poder pasa a ser una estrategia, un proceso, una maquinaria de la que nadie es titular. En el Panóptico, afirma Foucault, cada uno, según su puesto, está vigilado por todos los demás (1973: 19-20).

El panóptico ya no está representado en un edificio penitenciario como lo llegó a concebir originalmente Bentham. En la actualidad pasó a significar una vigilancia omnisciente y omnipresente. Ya no se limita a un arquitectura determinada, sino que se ha extendido a una forma de vida completa. Hoy nuestra información es más pública que nunca, por lo que ya no solo podemos ser vigilados por quienes ostentan algún poder, sino que también por quienes no lo poseen. Y esto, por alguna razón, al hombre contemporáneo parece gustarle. Lo hace ver quizás más importante. Paradójicamente hoy; mientras más vigilados, más poderosos nos sentimos.

Eduardo Schele Stoller.

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