Modernidad líquida: inseguridad y consumo

El recientemente fallecido Zygmunt Bauman nos dejó una idea que nos permite dar cuenta un problema creciente en nuestra sociedad; me refiero al análisis de la inseguridad mediante el concepto de “modernidad líquida”. Estamos en la presencia, señala Bauman, del paso de la fase sólida de la modernidad a la líquida. Esto es, a una condición donde las formas sociales ya no pueden mantener su forma por más tiempo, donde ahora lo único que permanece es la transitoriedad (2007: 70-71).

Si lo que prima es lo efímero, las sociedades abiertas contemporáneas, considera Bauman, estarán asediadas por el miedo, la inseguridad y la incertidumbre, debido a que hemos dejado de tener el control como individuos, como grupos y colectivo (2007: 42). Todo esto como efecto de haber profanado lo sagrado, desautorizando y negando el pasado, a la tradición. Destruimos así, señala Bauman, la armadura protectora de las convicciones. Se han disuelto, en consecuencia, las fuerzas que podrían mantener el orden (2004: 9, 11). Esto no era un problema para la modernidad sólida (sistémica), la cual tendía a un  totalitarismo claro. En cambio, el capitalismo permitió que coexistieran una cantidad tan numerosa de autoridades que ninguna de ellas puede ser considerada como exclusiva ni muy duradera. Cuando las autoridades son muchas, afirma Bauman, tienden a cancelarse entre sí (2004: 31, 70).

Una manera que los individuos han encontrado para intentar eludir la inseguridad crónica es consumiendo. Tratan de comprar, sostiene Bauman, una promesa de certeza, de identidad, de armonía, de coherencia. La búsqueda de identidad es la lucha constante por detener el flujo, por solidificar lo fluido, por dar forma a lo informe (2004: 87, 89). Esta compulsión puede evidenciarse en los espacios de consumo, los cuales los individuos comparten pero no interactuando entre ellos. El llamado al consumo, como ha señalado Bauman, es individual, intentando despertar una cadena de sensaciones experimentable solo subjetivamente (2004: 106).

Es evidente que el sujeto no encuentra la seguridad en el consumo, de lo contrario no tendría sentido su necesidad constante de adquirir nuevos bienes y sensaciones, razón por la cual nunca logra saciar su deseo. La inseguridad es crónica y no podemos culpar a nadie. No hay a quién hacer responsable. El poder se ha difuminado, todos somos subalternos. Esto nos ha querido mostrar con mucha elocuencia Bauman; el desplazamiento del largo plazo por el corto plazo, en donde la instantaneidad se ha convertido en ideal último.

Eduardo Schele Stoller.

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