Ortega y la ¿deshumanización del arte?

Lo característico del arte nuevo, señala Ortega y Gasset, es que divide al público en dos clases de hombres. Los que lo entienden y los que no, los hombres egregios y los hombres vulgares. Esto quiere decir que el arte contemporáneo no es para los hombres en general. Para esta mayoría el goce estético se basa en la actitud que emplean en su vida cotidiana, es decir, todo aquello que remita a figuras y pasiones humana. Solo tolerará aquellas formas artísticas, afirma Ortega, que no intercepten su percepción de las formas y peripecias humanas. El arte popular se identifica así con un extracto o extensión de la vida cotidiana. Es un arte realista (2008: 14-16).

En la actualidad, sostiene Ortega, hay un intento de purificación del arte, entendida como una eliminación progresiva de los elementos humanos del mismo. Este pasa a ser ahora un arte para artistas, no para la masa. El arte tiende así a deshumanizarse, al pintar, por ejemplo, a un hombre que se parezca lo menos posible a un hombre (2008: 19-21,28).

La relación de nuestra mente con las cosas, señala Ortega, consiste en pensarlas, en formarse ideas de ellas. No poseemos de lo real sino las ideas que de él hayamos logrado formarnos. Esto significa que entre la idea y la cosa habrá siempre una absoluta distancia, puesto que lo real rebosará siempre del concepto que intenta contenerlo. El objeto, afirma Ortega, es siempre más y de otra manera que lo pensado en su idea (2008: 40).

Las ideas son así para Ortega meros esquemas subjetivos, es decir, no son realidades objetivas (2008: 40). ¿Cómo entender entonces la deshumanización? Si paulatinamente se ha ido perdiendo la ingenuidad realista con respecto al conocimiento ¿no es más bien esto un movimiento de sobre humanización? Si el arte ya no busca emular la realidad, sino la percepción del artista de la misma ¿no es esto más bien un acto de subjetivización? A mi entender era el arte clásico el deshumanizado, al intentar reflejar una realidad objetiva, independiente de toda idea o interpretación humana.

El arte egregio o ilustre de nuestra época se ha vuelto sectario precisamente por esto. Cada artista plasma en sus obras la realidad como le plazca, por lo que para conocer de qué trata una pieza de arte, más que acercarse a ella, habrá que acercarse a la biografía de su creador. Esta característica la hace mucho más inentendible que cuando se intentaba mostrar, por ejemplo, un paisaje o algo más evidente, es decir, todo aquello que es comprensible a primera vista por cualquier simple mortal remitiéndose a su sentido común. El arte sobre humanizado, en cambio, es radicalmente más complejo. Quizás esta sea la causa del creciente desinterés por el arte. Al individualista hombre contemporáneo ¿por qué tendría que interesarle los aconteceres, la percepción, la interpretación, en suma, la vida, de otro ser que no sea él mismo?

Eduardo Schele Stoller.

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5 pensamientos en “Ortega y la ¿deshumanización del arte?

  1. ¿Puede constituir una parte el todo? Me parece que usted en su interpretación confunde o, mejor dicho, reduce lo Humano a un humano, hoy ya, demasiado humano “subjetivismo”. Una actitud, creencia o epistemología artística no puede sustituir, en efecto, al hombre en su especialidad, pluralidad y totalidad como ser en el mundo.

    • Agradezco y comprendo su crítica. Sin embargo, ¿cómo podríamos caracterizar “lo Humano” sin apelar a los individuos que forman parte de tal categoría? ¿Qué sería entonces “lo Humano”? Lo Humano, la Historia, el Arte, etc., son todas ideas propias de la modernidad. Lo que he intentado sugerir aquí es precisamente la tendencia posmoderna a aterrizar tales universalizaciones a meras interpretaciones subjetivas, con todas las dificultades que esto pueda acarrear. Es decir, el arte sería hoy más humano, en el sentido que se remite a diversas experiencias humanas, ya no intentado reflejar una realidad independiente de la misma.

      Saludos.

      • Comprendo y agradezco tanto tu escrito como tu respuesta. Sin duda, resulta interesante e inspiradora la tesis de un arte “humanizado” posmoderno. Sin embargo, creo el desarrollo de la misma adolece de dos supuestos o argumentos relacionados y cuestionables, o quizás inexactos.

        El primero, tiene que ver con la interpretación que se hace de lo que es, para Ortega y Gasset, la “deshumanización del arte”. El segundo, con la paradoja o contrasentido que puede que encierre “un arte […] que se remite a diversas experiencias humanas, ya no intentando reflejar una realidad independiente de la misma”.

        Sobre la primera cuestión. En mi opinión, Ortega y Gasset en su obra “La deshumanización del arte” no sostiene que el arte de la postmodernidad esté “deshumanizado” por alejarse, o mejor, independizarse de la meta de reflejar el mundo o la realidad por sí misma, independientemente de la experiencia, vivencia o interpretación humanas. Lo que Ortega y Gasset trata de mostrar es cómo la crisis o metamorfosis del ideal “humano”, “humanista” o “humanizado” de la modernidad conduce a una concepción sobre el arte significativamente diferente, y solo en este sentido histórica y genealógicamente crítico, precisamente, “deshumanizado”. En el ideal de la modernidad el hombre no reniega del sujeto o de lo subjetivo, véase en Hume o Kant, pero aspira reflejar, explicar o comprender al mismo en la totalidad, como parte integrante de la Naturaleza, si bien no como la única parte y muchas veces no de un modo pacífico. De ahí que el arte “humanizado” de la modernidad busque representar el mundo, la realidad toda, no alguna parte aislada, y, por ende, sitúa siempre al hombre en el mundo. Lo importante para la modernidad era la relación y la integración, hombre-mundo, mundo-hombre, en sus múltiples sentidos e intensidades y categorías. Con la postmodernidad, esta integración e interrelación se quiebra y polariza en lo puramente conceptual, abstracto. De alguna forma, la totalidad se desintegra, se buscan plasmar imaginados arquetipos; se purifica, pero en el camino, se pierde la fuerza de la relación, la integración del hombre en el mundo, en el cosmos, el artista se queda, de alguna forma, en sí mismo, cae en el solipsismo de la abstracción artística. Como anticipaba, sería únicamente en este sentido en el que Ortega y Gasset hablaría de un proceso de “deshumanización” del arte en la posmodernidad. Con esta “deshumanización” del arte no es que desaparezca con ella el hombre como sujeto, o su relativa subjetividad, sino que lo humano subjetivo se extrema, en cierto modo, se desnaturaliza, se enajena de la realidad plural e integral, es decir, se complace abstrayéndose precisamente de su entorno. Precisamente, esta evolución del arte sería contraria a uno de los principales principios del vitalismo-existencialista del filósofo: “Yo soy yo, y mi circunstancia”. El ser del hombre, su existencia, se expresa necesaria y esencialmente en esta relación. Si el arte “humanizado”, es decir, de la modernidad, intenta representar esta completa, integral y conflictiva relación “yo-contexto”, el arte “deshumanizado”, o postmoderno, toma partido en su representación, opta por representar uno de esos dos elementos, sitúa al “yo” sobre cualquier otra cosa, se olvida de la circunstancia, del contexto, para intentar representar un concepto “humano”, pero sin contorno, descontextualizado, deshumanizado. Con todo, y aunque la primera posición resulta más completa y realista que la segunda, ambas perspectivas artísticas son más bien un anhelo que una realidad efectiva o realizable, una y otra se topan con sus propios límites, en el primer caso, con lo infinito y absoluto inabarcable; y, en el segundo, con lo finito y relativo comprensible.

        Sobre aquella segunda cuestión. Está íntimamente relacionada con la anterior que se acaba de desarrollar, es más, puede que ya esté contenida o se derive de la anterior. En realidad, me resulta muy difícil pensar la posibilidad de existencia de un arte o punto de vista sobre el mismo que no remita, en cualquier caso, a diversas experiencias humanas y que, por lo tanto, no sea siempre reflejo de la subjetividad del hombre en cada momento. En este sentido, el arte siempre ha sido, es y será humano, si bien, y de acuerdo con lo dicho en cuestión primera, puede serlo bajo una perspectiva más o menos humanizada o deshumanizada. Quizás el arte también sea una cuestión de grados y de perspectivas, y si de nosotros depende, lo será necesariamente de la persona y de su circunstancia.

      • Estimado, me parece que has dado en el clavo con un concepto crucial en esté análisis sobre cómo entender “lo humano” en Ortega; las circunstancias. Según esta idea, el arte moderno era más humano porque no atendía a las circunstancias de la creación artística, centrándose, en consecuencia, solo en la visión del hombre sobre lo que creaba, la cual, como bien has resaltado, tendía ha ser más universalista y necesaria. Por contraparte, la visión posmoderna de arte estaría más deshumanizada al atender a las diversos factores que influyen en la producción artística, ajenas pero en relación condicionante siempre al ser humano. Hay una fragmentación de lo artístico. Esta fragmentación, no obstante, creo que ha recaído siempre en el hombre, atendiendo ahora a las cambiantes circunstancias que le rodean. Pero el mediador de todo esto sigue siendo el individuo. Entiendo más claramente ahora “la deshumanización” en Ortega, te agradezco por eso, pero sigo pensando que el arte contemporáneo tiende a ser más humano, en otro sentido claramente.

        Saludos.

  2. Gracias a ti por hacerme rememorar esta lectura de Ortega y Gasset. Mi lectura de “La deshumanización del arte” no es reciente, sino de hace bastantes años, por lo que asumo cierto inevitable desatino, no sin sentido, en mi interpretación sobre la misma. En este sentido, nuestra interesante conversación me muestra la oportunidad de una nueva lectura, próximamente. Con todo, si es cierto que, según Ortega, el arte moderno era más humano por no atender la circunstancias de la creación artística, su propia caracterización existencial y vitalista del ser del hombre, y con ello del artista, como un “yo en sus circunstancias”, se me antoja como una probable objeción o contradicción de primer orden a su propia tesis sobre la deshumanización del arte. Quizás, la solución está en el lugar o posición del análisis. Lo que en el ámbito del proceso artístico moderno se mostraría “humanizado” por ser ajeno a sus condicionantes, en el ámbito de su resultado artístico lo sería, paradójicamente, por representar precisamente esos condicionantes en su obra; y, viceversa y respectivamente, sucedería algo semejante en estos mismo ámbitos en el arte postmoderno. En cualquier caso, como decía, el arte siempre será humano y representará un ejemplo del artista y de su contexto, como además no puede ser de otra manera sin riesgo de caer en el absurdo o sinsentido.

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