Ortega y la ¿deshumanización del arte?

Lo característico del arte nuevo, señala Ortega y Gasset, es que divide al público en dos clases de hombres. Los que lo entienden y los que no, los hombres egregios y los hombres vulgares. Esto quiere decir que el arte contemporáneo no es para los hombres en general. Para esta mayoría el goce estético se basa en la actitud que emplean en su vida cotidiana, es decir, todo aquello que remita a figuras y pasiones humana. Solo tolerará aquellas formas artísticas, afirma Ortega, que no intercepten su percepción de las formas y peripecias humanas. El arte popular se identifica así con un extracto o extensión de la vida cotidiana. Es un arte realista.

En la actualidad, sostiene Ortega, hay un intento de purificación del arte, entendida como una eliminación progresiva de los elementos humanos del mismo. Este pasa a ser ahora un arte para artistas, no para la masa. El arte tiende así a deshumanizarse, al pintar, por ejemplo, a un hombre que se parezca lo menos posible a un hombre.

La relación de nuestra mente con las cosas, señala Ortega, consiste en pensarlas, en formarse ideas de ellas. No poseemos de lo real sino las ideas que de él hayamos logrado formarnos. Esto significa que entre la idea y la cosa habrá siempre una absoluta distancia, puesto que lo real rebosará siempre del concepto que intenta contenerlo. El objeto, afirma Ortega, es siempre más y de otra manera que lo pensado en su idea. Las ideas son así para Ortega meros esquemas subjetivos, es decir, no son realidades objetivas. ¿Cómo entender entonces la deshumanización? Si paulatinamente se ha ido perdiendo la ingenuidad realista con respecto al conocimiento ¿no es más bien esto un movimiento de sobre humanización? Si el arte ya no busca emular la realidad, sino la percepción del artista de la misma ¿no es esto más bien un acto de subjetivización? A mi entender era el arte clásico el deshumanizado, al intentar reflejar una realidad objetiva, independiente de toda idea o interpretación humana.

El arte egregio o ilustre de nuestra época se ha vuelto sectario precisamente por esto. Cada artista plasma en sus obras la realidad como le plazca, por lo que para conocer de qué trata una pieza de arte, más que acercarse a ella, habrá que acercarse a la biografía de su creador. Esta característica la hace mucho más inentendible que cuando se intentaba mostrar, por ejemplo, un paisaje o algo más evidente, es decir, todo aquello que es comprensible a primera vista por cualquier simple mortal remitiéndose a su sentido común. El arte sobre humanizado, en cambio, es radicalmente más complejo. Quizás esta sea la causa del creciente desinterés por el arte. Al individualista hombre contemporáneo ¿por qué tendría que interesarle los aconteceres, la percepción, la interpretación, en suma, la vida, de otro ser que no sea él mismo?

Eduardo Schele Stoller.