Steiner y la Teosofía

Rudolf Steiner postula la posibilidad de un conocimiento de lo que él denomina como “suprasensible”. Esto no se conocería por los medios discursivos  tradicionales, sino que a través de una especie de “órgano sensorial interno”, por medio del cual podemos dar cuenta de la verdadera esencia del hombre. Este saber queda oculto a la ciencia contemporánea, pues esta solo considera accesible lo que llega a los sentidos ordinarios, negando el acceso a realidades superiores. Se ocupa así de formular fronteras infranqueables en el conocimiento humano. Todo esto es lo que Steiner pretende contemplar en lo que denomina como “sabiduría divina” o “Teosofía”, la cual vendría a entenderse como una nueva ciencia del espíritu (27).

Según la Teosofía, el hombre posee tres aspectos en su ser: cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo es lo que le revela al hombre los objetos de su entorno; el alma es mediante lo cual vincula las cosas con su propia existencia, lo cual puede producir en él agrado o desagrado, placer o displacer, alegría o dolor; y el espíritu nos revela el conocimiento de las cosas guardan en sí mismas (27-28). El hombre está emparentado así de triple forma con el resto del mundo. Lo anímico es inaccesible por ejemplo a la visión corpórea, de hecho, según Steiner, constituye un mundo propio. Pero es el espíritu el que le una visión superior del mundo externo, en donde las cosas logran hablar por sí mismas. El hombre sería así ciudadano de tres mundos (28).

Así como la forma humana es heredada biológicamente, así también el espíritu es heredado, pero de vidas o encarnaciones precedentes. Esta vida, según Steiner, sería la reproducción de otras y trae consigo lo que el Yo espiritual ha adquirido por sí mismo en la vida anterior (karma). Esto puede verse, cree Steiner, en el “aura”, la que ilustraría lo que el hombre ha hecho de sí mismo en el curso de sus encarnaciones. Estas vidas anteriores podrían influenciar hasta sus dolencias y enfermedades actuales. Este principio es el que dará paso a lo que Steiner propone como “medicina antroposófica”, una especie de salud centrada en la vida espiritual (116).

En relación a esta nueva medicina, el hombre es tanto más perfecto, señala Steiner, cuanto más sintonice su alma con las manifestaciones del espíritu, y es más imperfecto en la medida en que sus inclinaciones quedan mejor satisfechas mediante sus funciones corporales (116). Pero para esto debe ejercitarse en adquirir la capacidad de abstraerse de sí mismo y de sus prejuicios. En la medida en que se olvida de sí mismo afluye en él lo ajeno. En este punto Steiner alude a una especie de misticismo al buscar que los acontecimientos hablen por sí mismos en lugar de que seamos nosotros los que hablemos sobre ellos, permitiendo asó que lo que hay fuera configure los pensamientos internos.

Mientras el hombre tienda a sobrevalorarse a sí mismo a costa del mundo que le rodea, se cerrará al conocimiento superior. Quien se abandona al placer y al dolor que le proporcionan las cosas o acontecimientos del mundo, se halla prisionero de la sobreestimación de sí mismo. En su placer y en su dolor no experimenta nada sobre las cosas, sino sobre sí mismo. El placer que sentimos ante una cosa hace que uno dependa de ella (178).

Si nos quedamos en el placer dejaremos, cree Steiner, que él se apodere de nosotros. Debemos limitar el goce a vivenciar las cualidades de los objetos, en vista de enriquecernos con tales vivencias. Alegría y dolor, por ejemplo, han de ser la oportunidad para aprender de las cosas y, con ello, elevarnos sobre tales experiencias, buscando revelar la naturaleza de las cosas

El objetivo es dejar actuar sobre nosotros la esencia del entorno sin que interfieran las propias peculiaridades personales. Steiner habla de una entrega desinteresada al espíritu. Debe ser la verdad misma la que ha de gobernar en el hombre, la que ha de impregnar todo su ser y convertirlo en una imagen de las leyes eternas del mundo espiritual. A esto es lo que debe aspirar el hombre de conocimiento. Mientras el hombre, afirma Steiner, viva en placer y dolor, no adquiere conocimiento con ellos. Cuando aprende a vivir a través de ellos, cuando aparta de ellos su propio sentimiento de sí mismo, se convierten en órganos de percepción y el hombre se acerca al conocimiento.

Lo que estaría proponiendo Steiner, según la triple realidad cuerpo-alma-espíritu, es desprenderse lo más posible de la primera, ya que el aferramiento a ésta sería la causa de todo nuestro sufrimiento y malestar. Si sintonizamos con el plano espiritual estaríamos en condiciones de conocer la verdadera esencia de las cosas, alejándonos del tan dañino egocentrismo de los sentidos. Esta visión no tiene nada de original, puesto que ya podemos verla aplicada en la antigüedad desde los estoicos, influenciando posteriormente como doctrina ética racionalista al cristianismo y otras religiones. La ética misticista de Steiner no parece aportar mucho a la ya existente y la crítica que se puede elaborar a ella es la misma. Si bien el misticismo se constituye como un intento de liberación de la tiranía de los sentidos, instintos, placeres, deseos y, derivado de todo ello, del sufrimiento, nos trata de esclavizar a algo desconocido; un supuesto conocimiento objetivo y esencial de las cosas.

No hay por qué temer a las éticas empiristas. Los epicúreos ya nos mostraron la posibilidad de administrar nuestros deseos racionalmente de una manera más cercana al ascetismo. Nadie dice, no obstante, que seamos absolutamente libres ante las determinaciones instintivas, pero al menos estas sabemos de dónde vienen y que objetivo persiguen. Sabemos, en suma, cuál es su fundamento. Algo que no que no queda claro en Steiner, quien fundamenta su doctrina ontológica, epistemológica y éticamente en lo desconocido. Un aspecto que autores como Wittgenstein han denominado como lo místico, ante lo cual no nos parece quedar más que el silencio, pues su conocimiento estaría más allá de nuestras facultades cognitivas.

En suma, a pesar de que la teosofía se fundamenta desde una ontología y epistemología metafísica, sus objetivos son más bien éticos. Hay una visión de la filosofía como “medicina del alma”, como terapia para superar los males del individuo. Estos tipos de enfoques pueden ser muy influyentes en la actualidad, en donde el individuo recurre a todo tipo de narcótico espiritual para conllevar y/o explicar las miserias de su vida. Sin embargo, la filosofía nos ha mostrado a lo largo de la historia una serie de alternativas más honestas para guiar éticamente la vida humana. Digo honestas porque estas muestran claramente sus fundamentos, justificándolos además de una manera lógica y racional.

Eduardo Schele Stoller.

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