Sócrates y la muerte como un bien

En el marco de su apología, Sócrates ante la negativa de retractación por lo que se le acusaba en el juicio, decide afrontar su propia muerte, la cual pasa a considerar incluso como un bien. Con respecto a esta cabría considerar dos opciones. La muerte puede ser un absoluto anonadamiento y una privación de todo sentimiento, o un tránsito del alma de un lugar a otro. Si es la privación de todo sentimiento, tal como un dormir pacífico que no es turbado por ningún sueño, se pregunta Sócrates, ¿qué mayor ventaja puede presentar la muerte? La muerte no sería más que una noche muy tranquila, sin ninguna inquietud o perturbación, aspectos que, por el contrario, gobiernan todos los días de nuestra vida. La muerte sería así un bien al no ser más que una larga noche.

Pero la muerte como tránsito también se presentaría como un bien. Allá abajo, señala Sócrates refiriéndose probablemente al Hades como el paradero de todos los que han vivido, sería un placer infinitamente más grande para él pasar allí los días, interrogando y examinando a todos estos personajes, para distinguir los que son verdaderamente sabios de los que creen serlo y no lo son. Es decir, la felicidad de la vida después de la muerte se basaría en seguir ejecutando su método para el reconocimiento de la ignorancia, esto es, seguir haciendo allí por lo que se la ha condenado en vida; dialogar, interrogar, cuestionar, en pocas palabras, filosofar.

Al respecto de esta segunda opción no hay mucho más que especular, más allá que pueda ser una provocación directa a quienes lo acusan, puesto que Sócrates quiere insinuar que él no dejaría de filosofar, incluso después de la muerte. Es en la concepción de la muerte como privación de sentimiento en donde cabe destacar algunos aspectos. Aquí puede verse claramente una concepción racionalista del sufrimiento al ser asociado con la excitación de los sentidos. Cuando dormimos, éste solo cesaría cuando no soñamos, pues incluso a través de las imágenes oníricas nuestros sentidos son convocados. Así pues, cuando realmente descansaríamos es cuando no nos atormenta los problemas del día a día ni su reflejo en los sueños. De allí que la muerte sea un bien, al ser considerada como un gran descanso. Sin embargo, ¿qué objetivo tendría un descanso tal? Este no puede considerarse como un fin en sí mismo, sino que como un medio para alcanzar otra cosa. Si quiero descansar, olvidarme momentáneamente de mis percepciones, es para despertar revitalizado, con más energía para sobrellevar el día a día. Si el descanso no puede ser considerado como un fin resulta difícil que podamos evaluarlo como un bien.

Eduardo Schele Stoller.

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