Las puertas de la percepción

Aldous Huxley por medio de la mezcalina (químico alucinógeno derivado del cactus denominado peyote) llegó a algunas interesantes conclusiones con respecto a la percepción humana. Uno de los efectos vividos por el autor bajo la influencia de tal químico fue la de una percepción menos atenta a las categorías espacio-temporales y más preocupada por el ser y el significado de las cosas (1954: 7). Pasando a la labor cerebral en este proceso, Huxley especula que éste, bajo un estado normal, posee un carácter eliminativo de todo aquello que no sea productivo. Y esto, debido a que nuestro cerebro y sistema nervioso tienen la labor de protegernos y mantenernos vivos, para lo cual la gran cantidad de información y estímulos circundantes se vuelven inútiles. Esto en la medida que somos animales. No obstante, advierte Huxley, los seres humanos somos seres potenciales de poseer una “Inteligencia Libre” (1954: 8). El acceso a esta última se ve favorecido por el efecto de algunas drogas[1], hipnosis o ejercicios espirituales, con los cuales superamos el sesgo utilitarista de nuestro cerebro, dejándonos así abiertos a un universo de infinitas posibilidades e información. Sin embargo, afirma Huxley, ha predominado la actitud más innata del ser humano por la supervivencia, lo cual ha traído como una de sus consecuencias la invención del lenguaje, a través del cual cada individuo se vuelve víctima y, podríamos añadir, presidiario de una tradición en particular, tomando además su reducido conocimiento como él conocimiento verdadero, dejando así de lado la posibilidad de otros “mundos”, de otros lenguajes, de otros conocimientos (1954: 29).

No podremos nunca, afirma Huxley, escapar del lenguaje u otro sistema de símbolos, puesto que han sido estos los que nos han permitido sobrevivir hasta hoy en día y habernos convertido en seres humanos. Sin embargo, Huxley advierte que así como hemos sido sus beneficiarios, así también podemos convertirnos en víctimas del mismo, puesto que el lenguaje tiende a determinar de forma muy estrecha la percepción de las cosas a través de los conceptos (1954, 29). Esto último es una situación que se incuba desde nuestra infancia por medio de la educación, consolidándose cuando somos jóvenes y adultos a través de un adoctrinamiento mayoritariamente técnico y especializado.

Huxley sostiene que cuando se trasciende la válvula reductiva de nuestro cerebro, se puede llegar a experimentar una serie de fenómenos biológicamente inútiles, logrando atestiguar el sentido de la existencia desnuda, esto es, el acontecimiento tal cual es, al margen del concepto. De esta forma, para la inteligencia en su estado de mayor libertad, son primarios los caracteres de las cosas que comúnmente se consideran como secundarios[2] (1954: 9-10). En este punto, al igual que hiciera Hoffman, Huxley se compromete con una postura correspondentista, ya que cree que al quebrantar las limitaciones utilitaristas-biológicas de nuestro organismo, podemos constatar el real significado y sentido de las cosas.

Ahora bien, bajo estos estados alterados de conciencia se plantean una serie de problemas, alguno de los cuales llegó a concebir Huxley. Por ejemplo, está el problema de las relaciones humanas. El estado de ensimismamiento y anti utilitarista de la Inteligencia libre, deja en un segundo plano el trato con las demás personas[3] (1954: 13). Huxley se detiene a reflexionar sobre el por qué del deseo humano de trascendencia de la cotidianeidad y de la creación de “paraísos artificiales”. Esto pasaría por la calidad de vida pobre y monótona de los individuos, es decir, por el alto grado de enajenación adquirido por los individuos producto de la fuerte carga biológica y social (1954: 24). Podemos decir así que mientras mayor sea el nivel de enajenación, mayor será la necesidad de trascender a través de modificadores de conciencia como el alcohol, las drogas, las religiones u otras experiencias espirituales[4]. En este contexto, Huxley marca una clara diferencia entre los pueblos civilizados occidentales y los pueblos indígenas. En palabras del autor:

Ved al indio mísero, cuya alma sin tutela por delante tan solo le cubre con su tela. Pero, en realidad, somos nosotros, los ricos y muy educados blancos, los que andamos con el trasero al aire. Nos cubrimos por delante con alguna filosofía -cristiana, marxista, freudiana-física-, pero por detrás andamos al aire, a merced de los vientos de las circunstancias. El mísero indio, en cambio, ha tenido el ingenio de proteger su trasero complementando la hoja de parra de una teología con el taparrabos de la experiencia trascendental (1954: 28)

Tales pueblos antiguos no tenían la necesidad de escapar, puesto que su vida incorporaba como un hecho cotidiano la trascendencia, organizándose incluso social y políticamente acorde a ello. Ellos hacían un uso común de esta capacidad propiamente humana, la cual se constituye, en su forma consciente, como una de sus capacidades más complejas. En este sentido, al contrario de lo que comúnmente se ha afirmado, tales pueblos antiguos son y han sido mucho más evolucionados que los de la civilización occidental, ya que estos últimos viven en su mayoría en un estado de alienación en torno a los intereses biológico-sociales propio de los animales inferiores. Para lograr salir de esta actitud restrictiva debemos dar cabida a una variedad de creencias divergentes a las nuestras. La tolerancia es un paso previo necesario para la libertad, ya que para asumir tal actitud no debemos considerar a nuestro sistema de creencias como la verdad absoluta, sino que como uno entre los muchos sistemas que pueden aplicarse de forma efectiva al medio.

Eduardo Schele Stoller.

 

[1]  Con respecto a los efectos perceptivos bajo la influencia de la mezcalina, Huxley enumera cuatro:

  1. El razonamiento normal y la memoria se ven afectados.
  2. Se intensifican las impresiones visuales, recobrándose además parte de la inocencia perceptiva de la infancia, periodo en el que sentido no está aún inmediata y automáticamente subordinado al concepto.
  3. Desinterés por la realización de actividades comunes.
  4. Experimentación de dos mundos, uno interior y otro exterior, de forma simultánea o sucesiva.

[2]  En concordancia con esta actitud están, según Huxley, los artistas, ya que la percepción de estos no estaría limitada a lo que es biológica o socialmente útil, pudiendo así atisbar cierta Inteligencia Libre (Huxley, 1954, 12).

[3]   Lo que diferencia al estado de Inteligencia Libre de la locura es la diferenciación entre estado interno y externo que se logra en el primero. Esto significa que en un estado de locura, los individuos no pueden volver  del nuevo estado perceptivo al mundo común o cotidiano. Ni siquiera logran establecer la diferenciación, volviéndose además el estado perceptivo nuevo como su nuevo mundo común.

[4]  Huxley se detiene a reflexionar sobre la legalidad de los modificadores de conciencia químicos. En occidente, señala, en general sólo son permitidos el alcohol y el tabaco como legales, catalogándose las demás como tóxicas y a sus consumidores como viciosos. El problema es que, según Huxley, tanto el alcohol como el tabaco son mucho más dañinos que otros medios químicos de trascendencia. Basta sólo pensar en la cantidad de muertes en automóvil causadas por el consumo excesivo de alcohol, o en aquellas enfermedades causadas por el uso cotidiano del tabaco. Para Huxley existen puertas químicas del muro mucho mejores para escapar temporalmente del entorno repulsivo, por ejemplo a través de la mezcalina (Huxley, 1954, 25).

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