Zenón: tiempo y espacio

Zenón adhiere a su maestro Parménides en que lo que “es” es inmóvil. Comparte por tanto con él esta distinción original entre un conocimiento sensible y otro racional, entre uno ilusorio, aparente y otro real y verdadero. El principio de identidad Zenón lo aplica en dos interesantes aporías.

Un primer argumento que presenta intenta nada menos que suprimir la existencia del espacio. Ante esto nos pregunta: si el espacio existe, ¿estará en alguna cosa?, pues todo lo que es está en algo, y lo que está en algo está también en un espacio. Es decir, el espacio estará en un espacio, y así hasta el infinito. Por consiguiente, considera Zenón, el espacio no existe. Si el espacio es algo que existe ¿dónde estará? Esta primera aporía cuestiona así la realidad del espacio (2007: 362-263, 365).

Famosa es también la dicotomía de Zenón con respecto al movimiento. Ésta plantea que un móvil debe recorrer infinitas magnitudes en un tiempo limitado. Como esto es imposible, el movimiento no existe. Al ser toda distancia divisible hasta el infinito, primero el móvil deberá alcanzar la mitad de la distancia que debe recorrer, pero lo mismo debe hacer previamente con la mitad de esta mitad y así sucesivamente. Si estas mitades son infinitas, es imposible recorrer infinitas magnitudes en un tiempo limitado. Este problema también ha sido conocido como la paradoja de Aquiles y la tortuga. Bajo la misma lógica recién relatada, Aquiles, quien le da una ventaja inicial a la tortuga, nunca la alcanzaría en una carrera, debido a los infinitos puntos que debería recorrer entre ambos (2007: 369, 371).

¿Cómo explicamos entonces el movimiento y el cambio que nos rodea? Pues, efectivamente, todos llegamos a nuestros destinos y no nos perdemos entre los infinitos puntos intermedios. Zenón, siguiendo a Parménides, nos diría: el movimiento, el cambio y, con ello el tiempo, existen, pero en el mundo sensible. Hemos visto que para el racionalismo este mundo no es más que una ilusión, esto es, mera apariencia. El problema surge al pensar. En el mundo real, al cual se accede mediante razón, el movimiento no existe, lo cual permite a su vez el conocimiento verdadero de las cosas. Y si es que todo estuviese sujeto a cambio, nada podríamos conocer. Cuando creyésemos captar la esencia o propiedades de algo, este algo ya habría mutado y, por tanto, nos sería desconocido. Esto llevó a Parménides y Zenón a la drástica decisión de dividir el mundo en dos, en vista de que el conocimiento, como hoy en día lo recibimos, sea posible.

Eduardo Schele Stoller.