¿Y si vivimos en una simulación?

Esta duda es la que nos deja el filósofo sueco de la Universidad de Oxford Nick Bostrom. El argumento que nos abre a esta posibilidad es el siguiente: es muy probable que las generaciones futuras mediante el uso de supercomputadoras puedan reproducir simulaciones detalladas de sus antepasados o de personas similares a sus antepasados. Si suponemos, nos dice Bostrom, que esta gente simulada es consciente, podría ser el caso de que la gran mayoría de las mentes como las nuestras no pertenecen a la raza original sino más bien a personas simuladas por los avanzados descendientes de tal raza original. Si este fuera el caso, sería lógico pensar, cree Bostrom, que es más probable que estemos entre las mentes simuladas que entre las mentes biológicas originales.

Este argumento parte del supuesto dado en el axioma de la “independencia del substrato”. El axioma afirma que los estados mentales pueden estar dados por una amplia gama de substratos físicos, es decir, que la conciencia, por ejemplo, podría simularse en un substrato distinto al biológico-cerebral. Un computador podría así llegar a originar experiencias conscientes. Asumido esto, Bostrom nos pregunta, “si hubiera una posibilidad sustancial de que nuestra civilización llegara alguna vez a la etapa post-humana y reprodujera varias simulaciones ancestrales, entonces ¿Por qué tú no estás viviendo en tal simulación?”

Un aspecto que deriva de este argumento es la de una realidad múltiple. Ya que nosotros, probables seres simulados, podremos convertirnos en simuladores, y los entes por nosotros simulados a su vez también lograran a futuro hacerlo. Habría así niveles de realidad. Esto nos da pie para repensar, señala Bostrom, algunas concepciones religiosas del mundo. Tales posthumanos que reproducen la simulación son como dioses desde el punto de vista de la gente que habita la simulación, ya que serían los creadores del mundo; poseen una tienen una inteligencia superior; son “omnipotentes”, al poder interferir en el funcionamiento de nuestro mundo, incluso en contra de nuestras leyes físicas. Pero también, afirma Bostrom, son “omniscientes”, al poder monitorear todo lo que nos ocurre. Sin embargo, como ya se señaló, estos dioses deberían tener muy probablemente a su vez sus propios dioses. Esto deriva en la inseguridad de no poder saber en qué nivel de realidad estamos. En un sentido moral, Bostrom cree que no podríamos desligarnos con certeza de la idea que nuestras acciones no están siendo monitorizadas por los simuladores y, eventualmente, pudiendo estar sujetas a un castigo por los mismos. El comportamiento ético tendría así una nueva fundamentación.

Este panorama se vuelve aún más angustiante cuando Bostrom nos deja en la posibilidad de estar frente a simulaciones selectivas, es decir, simulaciones que contemplen solo a un pequeño grupo de humanos o incluso a un solo individuo, siendo el resto de la humanidad meros zombis o “personas -sombra” (¿simulaciones de simulaciones?). Esta hipótesis reabre un problema clásico de la filosofía moderna, el del “solipsismo” (solo yo existo). Tal idea estuvo en el filo de concepciones epistemológicas tanto racionalistas (Descartes) como empiristas (Berkeley), y parece ser que la inquietud no tiene respuesta. ¿Cómo puedes saber que no solo tú existes o que no eres (somos) producto de una simulación?

Eduardo Schele Stoller.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s