La evasión del escepticismo

Hay diversas formas de hacerse cargo el escepticismo. Una de estas es no afrontarlo, es decir, dejarlo pasar. Esta es la estrategia naturalista, ya presente en David Hume. Según él, no podemos evitar creer en la existencia de los cuerpos y no podemos evitar creencias y expectativas de general acuerdo con los cánones básicos de la inducción. La naturaleza por una necesidad absoluta e incontrolable nos determina a realizar juicios del mismo modo que a respirar y a sentir (2003: 43, 53-54).

En Hume, nos señala Peter Strawson, hay dos niveles de pensamiento: el filosófico critico que no nos puede garantizar nada contra el escepticismo, y el empírico cotidiano en las que el pensamiento critico esta anulado y suprimido por la naturaleza. Esto quiere decir que las dudas escépticas, bajo el punto de vista empírico cotidiano, no se deben hacer frente mediante argumentos. Deben ser abandonadas porque son inútiles. No tienen poder alguno contra la disposición natural a creer (2003: 56).

Para Hume, sostiene Strawson, la naturaleza implanta en nuestras mentes la aceptación de la existencia de los cuerpos y la fiabilidad de la formación inductiva de creencias. Wittgenstein complementa a esto todo una noción del aprendizaje como práctica social (naturalismo social), el cual carece de la necesidad de una validación ideal y absoluta de nuestras creencias (2003: 63-65). Y es que las creencias y criterios mismos de validación son instaurados dentro de un mismo “juego de lenguaje”.

Lo anterior quiere decir que si asumimos una disposición natural para la confianza en nuestras creencias empíricas, junto a la determinación cultural del aprendizaje, lo cual asignaría la significación de nuestros conceptos, no tiene sentido preocuparnos por el escepticismo, puesto que no existe alternativa cognitiva a la que tenemos, no al menos desde la naturaleza. Aunque quizás se pueda desde la cultura. Siempre está la posibilidad de mudarnos de creencias y, con ello, de significaciones conceptuales.

No obstante, esta estrategia evasiva ante el escepticismo no carece de dificultades. Por ejemplo, supone algo que según sus propios principios no debería, me refiero a las nociones mismas de “naturaleza” y “cultura”. ¿Qué son estos conceptos sino más que imposiciones de un marco predeterminado? La estrategia evasiva es entendible, pero no justificable, al menos coherentemente. Como ha dicho el primer Wittgenstein, ante este problema parece nada más quedarnos el silencio.

Eduardo Schele Stoller.

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