Black y la abolición del trabajo/ Eduardo Schele

Quien da su labor a cambio de dinero se vende a sí mismo, y se coloca

al mismo nivel que los esclavos. 

Cicerón

En su ensayo “La abolición del trabajo”, Bob Black trata de demostrar que nadie debería trabajar, pues este sería la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Para dejar de sufrir tenemos que dejar de trabajar.

Black propone crear una nueva forma de vivir basada en el juego, en una convivencia lúdica, artística y más libre. Contrario a los izquierdistas que favorecen el empleo total, Black propone el desempleo total, lo que no se traduce en el puro ocio o una apología del “tiempo libre”, ya que este último hoy es entendido como un mero tiempo gastado en recobrarse e intentar olvidarse del trabajo mismo.

Black llega a denominar a nuestro sistema contemporáneo como fascismo de fábrica y oligarquía de oficina, sistema que es de todo menos libre. Si somos lo que hacemos, al hacer trabajo aburrido, estúpido y monótono, acabaremos siendo  aburridos, estúpidos y monótonos. Este tipo de trabajo explica la cretinización de nuestro entorno, en donde la aptitud para la autonomía se encuentra atrofiada ya desde la infancia, pues el entrenamiento en la obediencia para el trabajo se inicia desde temprana edad en las familias y escuelas.

Incluso Marx, reconoce Black, observó que “el reino de la libertad no comienza hasta que se ha sobrepasado la necesidad de laborar bajo la compulsión de la necesidad y la utilidad externa” ¿Sobrepasará la gran masa de individuos estos criterios de necesidad y utilidad? Si el trabajo se basa en satisfacer estas necesidades básicas mediante una serie de operaciones simples, su entendimiento tampoco superará tales condiciones, por lo que parece difícil que seamos libres mientras trabajemos enajenadamente.

La única solución posible para Black es la abolición del trabajo útil, esto es, transformarlo en una agradable variedad de pasatiempos. Con esto, todas las barreras artificiales del poder y la propiedad se vendrían abajo, convirtiendo la creación en recreación.

Si en la actualidad trabajamos para vivir o vivimos para trabajar no tiene ya mucha importancia. Lo cierto es que, en ambos casos, terminamos vendiendo gran parte de nuestra vida a cambio de la vida misma.

Eduardo Schele Stoller.

Bob Black, “La abolición del trabajo”