¿Para qué sirve la filosofía?

¿Qué hay tras la pregunta “para qué sirve la filosofía”? No es solo la ignorancia o insensatez de quien la enuncia, sino que el de toda una época que lo apoya. El surgimiento de la filosofía estuvo posibilitado por un paradigma que daba preferencia a la labor teórica por sobre la práctica, a la especulación desinteresada por sobre la utilidad. Las disciplinas que satisfacían estas inquietudes prácticas fueron consideradas incluso hasta el medioevo dentro de las denominadas “artes serviles”. Si hay algo en lo que coincidieron buena parte de los griegos es en que lo que distingue al ser humano del resto de animales es su capacidad reflexiva. Incluso en el adecuado ejercicio de esta facultad radicaba el bien y la virtud, puesto que se concebía como actuar conforme a lo cual estamos determinados a hacer por naturaleza. Está en nuestra naturaleza el tender al pensamiento abstracto y la contemplación. Era evidente así para ellos la unión entre epistemología y ética, entre conocimiento y bien o entre ignorancia y mal.

La utilidad como criterio de vida, la búsqueda o conformidad con lo práctico no nos diferencia del resto de las especies. Todas ellas están en búsqueda de la sobrevivencia y la adaptación al medio. La utilidad es por esencia un criterio animal, el hecho de poder desmarcarnos, al menos esporádicamente, de éste es un logro humano, el cual se puede ejercer, por ejemplo, a través de la filosofía.

Vivimos, sin embargo, en una época donde reina el pragmatismo. Lo practico a desplazado a lo teórico. Importan más los bienes materiales por sobre los espirituales. Ya no saber por saber, sino que saber a cambio de poder, por más vil e intrascendente que se traduzca el mismo (pensemos en lo que quiere hoy por hoy el hombre). Mientras los ingenieros dominan el mundo, la filosofía desaparece de la escena. ¿Qué utilidad puede tener un ser crítico y reflexivo en estas condiciones? Donde se requiere de seres cada vez más obedientes y sumisos a un sistema, más innecesaria y peligrosa se vuelve la filosofía. Esto es entendible para el que articula o administra el paradigma contemporáneo. Pero es en esto mismo en donde radica la pobreza mental de quien originalmente articula la pregunta “¿para qué sirve la filosofía?” Si pudiese ir más allá de las necesidades de su época se daría cuenta que precisamente la filosofía sirve para no servir a nada ni a nadie. Pero es sabido que la libertad no es recomendable para todos, hay quienes disfrutan viviendo como animales.

Eduardo Schele Stoller.

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