Muerte, religión y misticismo

Nuestro miedo a morir surge de la sobre valoración que nos damos a nosotros mismos. Es del temor a la pérdida de la egocentricidad de lo cual derivan las concepciones trascendentalistas, las cuales buscan causar sosiego ante la segura pérdida de nuestra identidad. Muchas religiones y concepciones espiritualistas basan sus creencias en la promesa de la perdurabilidad del “yo”. Según lo anterior, la religión, como ha afirmado Tugendhat (2009: 215), posee claramente una base antropológica y ésta, podríamos agregar nosotros, posee a su vez una base epistemológica, pues surge del miedo ante la desaparición del conocimiento introspectivo. La muerte se constituye así como la frustración más grande del ser humano, frustración que la religión trata de hacer más llevadera.

Otra alternativa a la religión es la mística. Lo místico, por lo general, se ha entendido como un estado de conciencia bajo el cual el sujeto se siente unido con la totalidad de los cosas, el Ser o Dios. Según Jaspers, en la mística la distinción entre sujeto y objeto desaparece, relativizándose el yo. De lo que se desprende el sujeto, según Tugendhat, es en particular de su yo quiero, esto es, de sus deseos dirigidos a fines determinados, lo cual deriva en una tranquilidad emocional. La búsqueda de tales estados ha inspirado a una serie de corrientes filosóficas y espiritualistas. El budismo, por ejemplo, parte del supuesto de que la vida consiste principalmente en sufrimiento, originado por nuestra capacidad de desear. Para liberarnos, pues, necesariamente deberíamos desprendernos de nuestros deseos. Tugendhat alude por otra parte al taoísmo, el cual no parte del pesimismo, si que destaca la unidad de las experiencias. Nos insta así a abandonar la reflexión egocéntrica para volver a la espontaneidad animal. Se propone así pues un retroceso de la voluntad (2009: 222-226).

Tanto religión como mística proponen al individuo una identificación, ya sea con un ser superior o con una totalidad, lo cual causa un sentido de pertenencia en el individuo a algo más complejo y elevado que su propia vida. Pero la diferencia es que la religión hace perdurar la egocentricidad, esto es, la individualidad, mientras que la mística la diluye en el todo. La religión así promete al sujeto una estado cognitivo similar una vez muerta la persona. Para el misticismo significaría, por el contrario, la anulación del mismo. Quizás aquí haya una explicación del por qué ha predominado la religión por sobre la mística. Y es que el hombre disfruta más de la introspección, esto es, de su individualidad. Perder esto, como hemos visto, es su máxima frustración y temor.

 

Eduardo Schele Stoller.

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