Ayn Rand y la mente anticonceptual/ Eduardo Schele

Según Ayn Rand, la filosofía se centra en aquellos aspectos del Universo que pertenecen a todo lo que existe. Si un sistema filosófico es una visión integrada de la existencia, todo ser humano necesita tener una filosofía, la que debe ser idealmente definida de forma consciente, mediante un proceso racional, disciplinado y de deliberación escrupulosamente lógica. De lo contrario, el ser humano está dejando que su inconsciente acumule una serie de conclusiones carentes de base y de generalizaciones falsas, olvidando que todo conocimiento posee una estructura jerárquica, no pudiendo distinguir lo fundamental de lo que solo es derivado.

El error del profano es la tendencia a aceptar las consecuencias mientras ignora las causas, tomando como dado el resultado final de una larga secuencia de pensamiento y considerándolo como “lo evidente en sí mismo” o como un fundamento irreducible. Esto, señala Rand, es algo cada vez más común entre las personas, pues estaríamos ante la presencia de una creciente mentalidad anticonceptual.

La característica principal de esta mentalidad es un tipo especial de pasividad con respecto al proceso de conceptualización y, por consiguiente, a los principios básicos del conocimiento. Es una mentalidad que decide que sabe bastante y no le importa mirar más allá ¿Qué acepta como suficiente? Lo inmediatamente dado, las cosas concretas directamente perceptibles de su trasfondo, “el elemento empírico en la experiencia”.

Al hombre corriente las dos preguntas cardinales de una mente humana: ¿Por qué? y ¿Para qué? le son ajenas. La falta de interés por el “¿Por qué?” elimina el concepto de causalidad y trunca el pasado. La falta de interés por el “¿Para qué?” elimina el propósito de largo alcance y trunca el futuro. Así, afirma Rand, solo el presente se vuelve totalmente real.

Pero este individuo no solo ignora la filosofía, sino que también le teme. Para entender sus fundamentos requiere de la aplicación de una larga cadena conceptual, algo para lo que su mente no está preparada. La filosofía se le presenta, señala Rand, como una amenaza psico-epistemológica, puesto que para entenderla debería elevarse por encima de sus “reglas” hasta el nivel de los principios abstractos, lo que significaría a su vez cuestionar los mismos. Es por esto, cree Rand, que el individuo se aferra a los dictámenes y reglas de la sociedad, puesto que es su forma de protegerse contra la temida incertidumbre del pensamiento abstracto.

La gente parece ya no buscar respuestas, pues desconfía de todas ellas. Este fenómeno se presencia hasta en los intelectuales, quienes profesan una incertidumbre militante, un agnosticismo dogmático. Los actuales no absolutistas, sostiene Rand, sustentan dos absolutos: que la ignorancia consiste en exigir el conocimiento, y que la inmoralidad consiste en pronunciar juicios morales, actitudes que, como vemos, se vuelven cada vez menos frecuentes en nuestros días.

Eduardo Schele Stoller.

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