Filosofía del saludo

Lo social, señala Ortega, es un hecho no de la vida humana, sino algo que surge en la humana convivencia. ¿Quién es el sujeto originario y responsable de lo que se hace? La gente, la colectividad, la sociedad, es decir, nadie determinado. Lo que se hace, se hace usualmente por el mero uso. Al seguir estos nos comportamos como autómatas, viviendo a cuenta de la sociedad. La vida social consiste en los usos, no es vida humana, es algo intermedio entre la naturaleza y el hombre. Vida irracional y mecánica. La sociedad es mecanismo que determina nuestro hacer (2013: 14, 15, 17).

Uno de estos actos, nos dice Ortega, es el saludo. ¿Por qué saludamos y estrechamos la mano? Este es un acto que todos ejecutamos, pero su origen es extra individual. No nos pertenece directamente. No somos sus creadores. Se ejecuta en nosotros por pura repetición. Es un movimiento mecánico, no humano (2013: 190-191). Al no ser conscientes de su sentido, es, por tanto, irracional. Solo se quiere hacer algo, afirma Ortega, que nos sea inteligible. Lo que no se hace a gusto, se hace forzado. ¿Quién nos fuerza a saludar? El uso (2013: 193-194).

¿Por qué se ha instaurado el uso del saludo? Al dar la mano al otro, señala Ortega, proclamamos nuestra mutua voluntad de paz, de socialización. Al ser siempre el hombre una potencial fiera, la aproximación de hombre a hombre siempre ha sido una posible tragedia. Por eso fue preciso inventar una técnica de la aproximación, que ha evolucionado y se ha simplificado a lo largo de la historia. El saludo es la declaración de que vamos a ser sumisos con respecto a los usos de un determinado grupo social (2013: 210-211). Para constatar esto basta con darnos cuenta que las primeras palabras que aprendemos de otro idioma son aquellas que tienen que ver con el saludar. Y esto con la esperanza de encajar en su propio mecanismo.

Todo lo social, sostiene Ortega, es vida humana despersonalizada, desindividualizada e irresponsabilizada. La sociedad es lo humano deshumanizado, convertido en algo mecánico, transformado en mera y bruta naturaleza. La divinización de lo colectivo, es divinizar la vida mecanizada. La sociedad tiende así a aplastar a los individuos (2013: 286). Con esto entendemos en parte ahora le tediosa tarea protocolar del saludo. Quien lo evita lo puede hacer en base a dos motivos: su naturaleza belicosa o su voluntad anti mecanizada. Si fuese por ambos, será mejor esquivar a tal individuo.

Eduardo Schele Stoller.

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