Popper: apriorismo, ciencia y verdad

Popper replantea la terminología kantiana entendiendo por a priori el tipo de conocimiento conjetural que un organismo posee previo a toda experiencia sensorial (conocimiento innato) y por a posteriori el conocimiento obtenido a través de la sensibilidad del organismo en relación a su entorno. En base a esto, Popper señala que el conocimiento a posteriori es imposible sin cierto conocimiento a priori, el cual necesitamos poseer previamente de que podamos adquirir conocimiento observacional, el que, por lo demás, será interpretado a través de nuestras ideas preconcebidas a priori (1992: 82-84).

Popper asume así que no existe la observación pura. Toda observación es una interpretación de hechos a la luz de una teoría (2005: 114). De la alusión a lo a priori, se derivará que toda observación esté cargada de teoría. Popper era muy consciente que con esto último se pueden fundamentar posturas irracionalistas, a través de lo que él denominó como “mito del marco”, del cual se deriva que la verdad puede variar de un marco intelectual a otro (2005: 55). Esto traería como consecuencia la imposibilidad de la comprensión mutua entre diferentes culturas, generaciones o periodos históricos. Para lograr una comprensión, se señala que los participantes deben compartir un marco común de supuestos básicos. “Marco” se entiende así como un conjunto de supuestos básicos o principios fundamentales, sin el cual no hay posibilidad de una discusión fructífera. Ante esto Popper señala lo productivo de la confrontación de marcos, advirtiendo por ejemplo que nuestra actual civilización occidental es el resultado del choque entre marcos, al igual que el milagro griego, producido también gracias al choque de culturas (2005: 55, 57, 61). En este sentido, Popper también niega la dificultad de la traducción que sostienen los adherentes al mito del marco, el cual señala que un estado de cosas que se puede describir en una lengua, no se puede describir en otra. A pesar de que no existe observación que no sea interpretada, Popper señala que de esto no se deriva la inconmensurabilidad, puesto que de igual forma podemos comprender conscientemente otros marcos (2005: 79, 82, 86, 110).

Los marcos, afirma Popper, son considerados como prisiones. De hecho, hay personas que viven encerradas en un marco en particular. No obstante, según Popper, estos se pueden trascender a través de un esfuerzo crítico y creador. No debemos dejarnos atrapar en una prisión mental (2005: 79-80). Ahora bien, Popper se da cuenta que su postura crítica se puede considerar como un nuevo marco. En este sentido, señala que nunca seremos absolutamente libres, pero al menos podemos ampliar nuestra prisión, no sólo en relación al ámbito culturalmente adquirido, sino también en relación a nuestro marco innato (2005: 80, 87).

Por tanto, la ciencia no comienza con observaciones. Lo primero en nosotros son las teorías, prejuicios y mitos. Cuando esto últimos entran en conflicto se crean problemas, que es cuando comienza la ciencia (2005: 124, 126). Esto último se relaciona con el proceder del método científico, según el cual, primero tropezamos con un problema, luego tratamos de resolverlo proponiendo una teoría. Más tarde aprendemos de nuestros errores en los intentos de solución, lo cual nos lleva a nuevos problemas (problemas-teorías-críticas). Así, si bien no hay un criterio de verdad, si existe un criterio de error, a través de la eliminación crítica de éste, por medio del cual podemos, según Popper, acercarnos a la verdad (2005: 130, 131, 180). Las teorías son pasos en búsqueda de la verdad, esto es, soluciones cada vez mejores a problemas cada vez más profundos, gracias a los cuales podríamos aprender algo acerca de la estructura de nuestro mundo (2005: 192, 215). Las teorías deberían así solucionar problemas y a su vez crearlos. Comprender una teoría significa comprenderla como un intento de resolver un determinado problema, ya sea práctico o teórico. Las teorías evolucionan, señala Popper, como resultado de los nuevos intentos de resolver los problemas. Lo que hace el método de la ciencia es sistematizar el método pre-científico de aprendizaje a partir de nuestros errores (2005: 194, 196).

Sin embargo, el defender el a apriorismo, en el sentido de la determinación de los “marcos”, parece incompatible con defender a su vez una noción correspondentista de la verdad como la recién asignada a la ciencia, ya que de haber verdad ésta será solo coherente a un marco o matriz disciplinar particular, esto es, la verdad sería relativa, no pudiendo establecerse ni siquiera un acercamiento o un progreso a lo “esencialmente” verdadero. Esto, como ha inferido correctamente la tradición historicista, hace imposible defender consecuentemente una noción del progreso en ciencia, ya que más bien en su proceder histórico hablaríamos solo de conjunciones no causales entre cada periodo o paradigma científico. Algo con lo que Popper no concuerda. Si Popper defiende algún grado de verdad, debe ser por su preocupación por la falsedad. De no haber verdad, tampoco puede haber falsedad y con esto, se vuelve superflua la falsabilidad, método que, según Popper, distingue a la labor científica.

Eduardo Schele Stoller.

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