Comte y el positivismo

Auguste Comte entendía lo “positivo” como un conocimiento asociado al progreso y renovación de la sociedad, a partir de lo dado al observador, esto es, a partir de los hechos de la experiencia concreta. Con esto trata de cimentar un método científico experimental, en oposición al idealismo y la metafísica de la época.

Sólo los hechos de la experiencia, consideraba Comte, constituyen el objeto de nuestro conocimiento. Nada podemos conocer fuera de ésta. No hay esencias ni causas últimas. El positivismo pretendía así una regeneración universal, política y filosófica. Ilustración de esto fue su famosa “ley de los tres estados”, ley general que, según Comte, describía la marcha progresiva del espíritu humano. La historia tanto personal como universal pasaría por tres estados: teológico (ficticio), metafísico (abstracto) y científico (positivo).

En el estado teológico de nuestra infancia y el periodo mitológico de la humanidad, el espíritu se dirige hacia conocimientos absolutos y a indagar causas primeras y finales de los efectos por una acción directa y constante de agentes sobre naturales. Hay una búsqueda y explicación del absoluto, predominando la imaginación por sobre la razón. Esto cambia en el estado metafísico (juventud), en donde los agentes sobrenaturales son reemplazados por fuerzas abstractas, esto es, por explicaciones inmanentes (no trascedentes) de los objetos. Finalmente, en la adultez personal y de la humanidad, en la cual estaríamos viviendo, bajo el estado positivo se reconoce la imposibilidad de obtener nociones absolutas. Se renuncia a buscar el origen, destino del universo y al conocimiento de sus causas. Nos desentendemos de lo absoluto y nos concentramos sólo en lo relativo a los hechos de la experiencia y sus relaciones.

Esta reconstrucción histórica de Comte no es del todo falaz. Es cierto que el conocimiento ha pasado de lo mitológico a lo metafísico y de ahí a lo científico. Pero no es cierto que cada tipo de conocimiento o etapa haya negado a la anterior. Lo que uno puede hallar, a nivel social, es una cierta convivencia, la cual, en la actualidad, es más o menos armónica. El que se halla impuesto el positivismo en ciencia no debería implicar que éste se imponga para toda la sociedad. De hecho esto no sucede. A diferencia de lo que ocurrió con la era mitológica, la cual sí imperó universalmente en las culturas. Pero ni la metafísica ni el positivismo han reinado al mismo nivel en la sociedad. Esto es algo que es coherente con el positivismo mismo. Contrario a los intereses de Comte, es contradictorio que el positivista quiera universalizar su conocimiento, ya que, por definición, en esta etapa se relativiza todo a la experiencia. En este sentido, es peligroso que no convivan individuos de diversas convicciones. La uniformidad, la homogeneidad cognitiva, nos acerca al dogmatismo y, de esta forma, al trascender su dominio particular, significaría un regreso al universalismo de etapas primitivas. El positivismo pasa a convertirse así en una metafísica más.

Eduardo Schele Stolller.

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