Husserl y la crítica a la ciencia natural

Las naciones euro­peas, destacaba Husserl, se ha­llan en una crisis, la cual radica en la negación, en el hombre de ciencia moderna, de la posibilidad de la fundamentación de una ciencia pura y universal acerca del espíritu (1992: 76, 79).

Nuestro mundo circundante es una formación espiritual en no­sotros y en nuestra vida histórica. Es un contrasentido, afirma Husserl, considerar la naturaleza del mundo circundante como algo aje­no al espíritu y querer cimentar la ciencia del espíritu sobre la ciencia de la na­turaleza. Se olvida además que los hombres que sustentan la ciencia de la naturaleza están presupuestos por esta dimensión espiritual. La ciencia no debería explicarse desde sí misma (1992: 80-81).

Europa espiritualmente nace en la Gre­cia Antigua con una «nueva actitud» de los individuos hacia el mundo circundante; la «filosofía», entendida como ciencia universal, ciencia de la totalidad
del mundo, de la unidad total de todo lo existente. Surge de un interés puramente teórico y contemplativo, contrario al actual aprovechamiento de la teoría para la praxis. Las ciencias renuncian así a la universalidad del interés teóri­co en aras de la especialización (1992: 86, 99, 102).

La filosofía, a juicio de Husserl, tiene que revertir este proceso y ejercer una función rectora sobre toda la hu­manidad, la cual ha caído en crisis producto de su aberración al racionalismo. Ninguna línea de co­nocimiento, ninguna verdad particular debe ser absolutizada ni aislada (1992: 110-111, 113). La cien­cia objetivista, en cambio, solo toma como existente lo que ella denomina como mun­do objetivo, sin considerar que la subjetividad, que da origen a la ciencia, no puede hallar cabida en ninguna ciencia ob­jetiva. La formación científica tiende a eliminar todo lo subjetivo, buscando también para lo psíquico lo objetivamente verdadero. Pero el investigador de la naturaleza, señala Husserl, no se da cuenta que el fundamento permanente de su trabajo mental, subjetivo, es el mundo circundante vital que cons­tantemente está presupuesto como fondo, como te­rreno de la actividad, sobre el cual sólo tienen sen­tido sus preguntas y sus métodos de pensamiento. En cambio, afirma Husserl, sólo el espíritu existe en sí mismo y para sí mismo. Sólo él es autónomo y puede ser tratado racionalmente, ya que es apto para ejercer el conocimiento de sí mismo (1992: 119, 123-124).

En suma, para Husserl esta crisis tiene dos salidas: la decadencia de Europa en un distanciamiento de su propio sentido racional de la vida y la hostilidad al espíritu (barbarie), o el renacimiento de Europa por el espíritu de la filosofía mediante un heroísmo de la razón que triunfe definitivamente sobre el natu­ralismo (1992: 127).

Es claro que, como destaca Husserl, el entendimiento científico se basa constantemente en el mundo circundante, aspecto que limitaría su pretensión de objetividad. Sin embargo, ¿qué nos hace pensar que una ciencia del espíritu no tenga la misma dificultad? ¿Qué tan pura puede ser al respecto una ciencia del espíritu? Si bien es cierto que toda ciencia natural objetivista se basa en la subjetividad y, en consecuencia, una ciencia sobre la misma tendría vital importancia, es difícil concebir la factibilidad de la misma. Si la ciencia busca la objetividad y la conciencia es subjetiva ¿puede haber ciencia de la conciencia? Si ya es cuestionable el conocimiento sobre lo natural, tanto o más puede serlo el espiritual.

Eduardo Schele Stoller.

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