¿Qué es la filosofía?

Siempre es complejo definir algo, pero en el caso de la filosofía la dificultad es aún mayor. La mejor estrategia es partir diciendo que no es o que propiedades no posee. Karl Jaspers nos señala varias. Primero, en filosofía no hay unanimidad. Esto es algo que puede verse desde sus inicios con conflictos como el de Heráclito y Parménides. Siempre que ha habido una tesis en filosofía ha surgido su consecuente crítica. Lo aceptado por todos se transforma, señala Jaspers, en conocimiento científico (2013: 7). Al ser en esencia discordante, la virtud de la filosofía reside en que imposibilita el dogmatismo, algo que, en teoría, sí puede darse en la ciencia. Pero algo que a su vez también imposibilita con esto es el progreso. Al no haber acuerdo, no puede haber progreso. Puede haber desarrollos internos, conforme a escuelas particulares, pero no como disciplina general. Si la filosofía, como destaca Jaspers, trata sobre la totalidad del ser (2013: 8), es difícil concebir un acuerdo y progreso tal como el concebido en ciencia, en donde hay una especialización estrictamente definida para cada ámbito de los fenómenos naturales.

Ahora bien, como disposición en el ser humano, la filosofía nos acompaña desde la infancia. Los niños, afirma Jaspers, poseen una genialidad que pierden cuando crecen. Con los años caemos en la prisión de las convenciones y opiniones corrientes. Pero aun así, la filosofía está siempre ahí. Solo queda ver si seremos conscientes o no de ella. Quien la rechaza, también profesa una filosofía (2013: 11-12). En el filósofo este conocimiento es consciente pero, a diferencia de otros, se caracteriza por la búsqueda constante de verdad, más que por la posesión, o creencia de posesión, de la misma. Filosofía, sostiene Jaspers, quiere decir ir de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas y todas sus respuestas se convierten en una nueva pregunta. Este ir de camino produce satisfacción en la medida que se convierte en la realización histórica del ser del hombre al que se le abre el ser mismo. La filosofía ha pasado por peligrosa pues destruye el orden, fomenta el espíritu de independencia y con él la rebeldía y la revolución, no respondiendo al criterio social de utilidad (2013: 12, 14).

Un solo alcance a esta última noción de Jaspers. Si bien lo que caracteriza al filósofo es la búsqueda, discrepo que ésta se base en la verdad. La verdad, en su sentido clásico (correspondentista) nos acerca peligrosamente a la ciencia y su respectivo consenso y posible dogmatismo. Como ha destacado Thomas Kuhn, en un periodo de ciencia normal escasea la crítica. El acuerdo es total. La discrepancia aparecería sólo en los periodos previos a las revoluciones científicas y subsecuentes cambios de paradigma. La filosofía, en cambio, es una revolución cognitiva constante. Hay mucho de anarquismo y nihilismo en su operar. Si la verdad fuese su fin, estaría mucho más cerca de la religión de lo que creemos.

Eduardo Schele Stoller.

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