Evolución y teleología

Con la teoría evolutiva, señala Hans Jonas, se adquiere un nuevo sentido de la noción de origen, la cual invierte completamente la vieja idea de la superioridad de la causa creadora sobre sus efectos. Tanto la tradición platónica como aristotélica había supuesto que la causa debía contener más energía y perfección que los efectos. La entidad productora debía poseer más realidad que lo producido. En cambio, para el pensamiento evolutivo moderno la causa pasa a ser inferior al efecto, no en cantidad, que permanece constante, pero si en su articulación estructural (2000: 64). Se invierte así la anterior fe en la superioridad de los orígenes. Dado que la perfección no es ningún criterio propio de la naturaleza misma, las estructuras superiores pueden surgir contingentemente de estructuras más primitivas. Los niveles más altos, señala Jonas, surgen del dinamismo de los más bajos. La especie es una estructura relativamente estable que conserva temporalmente su identidad, es un resultado contingente de la historia de la vida que carece de estatus final en la creación y que no indica hacia donde se dirigirá a continuación (2000: 73).

Esto ya es considerable como un golpe al teleologismo, puesto que la finalidad no podría venir determinada de una causa que es inferior a su efecto. Pero a esto se suma el mecanismo por el cual procede la evolución; azar y selección natural, un proceder que es imprevisible y anti esencialista (2000: 68). La vida, afirma Jonas, se concibe así como un mero impulso vital, en donde la razón se reduce a un mero medio que es juzgado conforme a su rendimiento instrumental en la lucha por la existencia. La razón no señala objetivo alguno, sino que está al servicio de objetivos que ella no señala (2000: 71).

Con la teoría evolutiva, ontológicamente hablando, el hombre pierde más de lo que gana. Su estatus en la vida pasa a medirse en igualdad de condiciones junto a otras estructuras vivientes por su capacidad de replicación y mantención de la vida misma. Esta es la dirección que toma toda estructura viviente, por lo que, contrario a lo planteado Jonas, la teoría evolutiva vino más bien a ratificar el teleologismo en la naturaleza. Lo que sí erradicó fue el protagonismo humano en la ecuación que le había asignado tradicionalmente la tradición tanto mística como religiosa.

Eduardo Schele Stoller.

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