Sartre: existencialismo y humanismo/ Eduardo Schele

El existencialismo, afirmaba Sartre, es una doctrina que declara que toda verdad y acción implican un medio y una subjetividad humana. Si la existencia precede a la esencia, hay que partir de la subjetividad. Con el ateísmo filosófico, a partir del siglo XVIII la noción de Dios comienza a ser cuestionada, sin embargo, no ocurre lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia.

En Kant, por ejemplo, el ser humano aun es poseedor de una naturaleza humana. Cada persona es un ejemplo particular del concepto universal de ser humano. La esencia del individuo precede así a su existencia histórica. Esto para Sartre es un error, ya que empezamos por existir, surgimos en el mundo, y solo después nos definimos. No somos definibles, podríamos decir, a priori, porque empezamos por no ser nada. Solo seremos después, y seremos tal como nos hayamos hecho. No hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre no es otra cosa que lo que él se hace.

Es por esto que Sartre llega a considerar al ser humano como un proyecto que se vive subjetivamente. Nada existe previamente a él. Seremos así lo que hemos proyectado ser. Si la existencia precede a la esencia, seremos además responsables de lo que somos y de nuestra existencia. Pero el reconocimiento de esta responsabilidad nos lleva a la angustia, al desamparo de la inexistencia de Dios y del bien a priori. Como señalara Dostoievski: “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. El existencialismo apunta también así a la idea del abandono, en la medida que somos libres, pues, una vez arrojados al mundo, somos responsables de lo que hacemos y elegimos.

Esto nos lleva a una filosofía que consecuentemente privilegiará la acción. Solo hay realidad, sostiene Sartre, en la acción. El hombre no es más que su proyecto, no existe más que en la medida que se realiza. No es otra cosa que el conjunto de sus actos. El hombre se construye a sí mismo, y se hace al elegir y darle un sentido a la vida (valor). Pero esto no quiere decir para Sartre que el ser humano pase a considerarse como un fin, ya que este está en constante realización.

El culto a la humanidad, advierte Sartre, conduce al humanismo cerrado (fascismo). El existencialismo, en cambio, valoriza al individuo y su libertad. No hay otro universo más que el universo de la subjetividad humana. No hay otro legislador que nosotros mismos.

Eduardo Schele Stoller.

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