Heidegger y la serenidad

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Heidegger ya constataba en su época una falta generalizada de pensamiento reflexivo o meditativo, a nuestra propia naturaleza, pues, a su juicio, lo que nos define es precisamente el meditar (2002: 17, 19). El hombre, afirma Heidegger, está destinado y determinado a pensar. Pero si el hombre contemporáneo huye ante el pensar ¿cómo explicar el avance de la ciencia y la tecnología?

El pensar involucrado en estas áreas es el pensar investigador, calculador, que cuenta ya con ciertas condiciones o intereses dados de antemano. Ya en la filosofía moderna comienza a dominar el pensamiento calculador. La naturaleza se convierta en una estación gigantesca de gasolina en fuente de energía para la técnica y la industria moderna. (2002: 18, 23). Es precisamente este tipo de pensar el que nos ha llevado a una cada vez mayor tecnificación del mundo, para la cual no hemos estado preparados. El hombre no ha podido dominar esta época. Y esto porque se carece del pensar meditativo, uno que es ciertamente más complejo de desarrollar. Esto, preveía Heidegger, nos llevaría a estar cada vez más estrechamente cercados por las fuerzas de los aparatos técnicos y autómatas, poderes que han desbordado la voluntad y capacidad de decisión humana (2002: 25-26).

¿Qué hacer ante esta situación? Sería necio, sostiene Heidegger, arremeter ciegamente contra el mundo técnico. Estos aparatos se nos han vuelto indispensables. Dependemos de ellos. Pero también es cierto que nos hemos atados a los mismos de una manera tal que hemos caído en una relación de servidumbre. Debemos servirnos de ellos de forma apropiada, de manera que podamos desembarazarnos de ellos cuando queramos para que así no devasten nuestra esencia reflexiva. Debemos dejar descansar a los artefactos en sí mismos. No verlos como algo absoluto, sino como dependientes de algo superior. Esta actitud de “si” y “no” ante el mundo técnico es la “serenidad” (2002: 27-28). El obstáculo para esta actitud está en contemplar el pensamiento calculador como el único válido. De mantenerse esto, el hombre seguirá arrojando de sí lo que le es más propio, la reflexión.

Eduardo Schele Stoller.

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