“Decir” y “mostrar” en Wittgenstein.

Las nociones de “decir” y “mostrar” son de vital importancia en el objetivo de delimitar el pensamiento y para comenzar a trazar el límite entre el mundo y lo místico. En el Tractatus, ha señalado Glock, hay una parte lógica (ontología atomista, teoría pictórica, tautologías, matemática, ciencia) y una mística (solipsismo, ética, estética). El significado real de la distinción decir/mostrar se ubica en el hecho de que mantiene unidas las dos al proscribir tanto proposiciones sobre la esencia de la representación simbólica como aseveraciones místicas sobre el reino de valor [Glock (1996), pp. 330].

Lo inefable es todo aquello que no puede ser representado mediante proposiciones bipolares (verdaderas/falsas); es decir, mediante proposiciones que representan hechos posibles, como lo hacen las proposiciones científicas que tienen a la base la misma estructura lógica. De haber proposiciones que no cumplen con este criterio deben ser consideradas como pseudo-proposiciones, las cuales no dependen, señala Glock, de cómo son las cosas, porque se relacionan con precondiciones ‘trascendentales’ de la representación y del mundo [Glock (1996), pp. 331].

Lo místico, al ir más allá de lo que se puede decir con sentido, solo puede ser mostrado. Lo inefable se mueve en el límite de lo expresable, constituido por el propio sistema de representación, razón por la cual no es posible expresar en proposiciones significativas la estructura del pensamiento o del mundo. En suma, representar los hechos y comprenderlos es algo que se da en la lógica. Dentro de este marco está todo lo que se puede decir. Pero ir más allá de esto, para intentar explicar la lógica, sería necesario suspenderla, lo cual es imposible [Glock (1996), pp. 332]. Esto tiene como consecuencia que los conceptos formales de la lógica son en realidad pseudo-conceptos y, por tanto, que las proposiciones del propio Tractatus carecen de sentido, ya que emplean conceptos formales (‘hecho’, ‘proposición’, ‘objeto’) para hacer aseveraciones acerca de la esencia de la representación. [Glock (1996), pp. 334]. Además, al no usar símbolos de forma significativa, estas proposiciones, de acuerdo a la misma lógica del Tractatus, ni siquiera podrían mostrar lo que tratan de decir.

Eduardo Schele Stoller.

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