Sade y el libertinaje como esclavitud.

¿Puede la libertad representar una esclavitud?

Para Sade, el ser humano debe obedecer, nutrirse y servirse de las pasiones, puesto que es lo único que nos conduce a la felicidad. Aconseja así despreciar todo lo que sea contrario a las leyes del placer. Se debe destruir consecuentemente a la virtud, la tradición y a la educación que la perpetúa. Hay que convertirse al libertinaje, pervirtiendo los principios de la moral (2012: 291, 297). Esto es, según Sade, lo que nos demanda la naturaleza, la cual sólo ha querido que obtuviésemos el placer, nuestro único Dios, mediante el sufrimiento (2012: 304, 307, 309). El hombre sólo debe su existencia a los designios de la naturaleza. Dios es sólo una quimera creado por la razón. Todas nuestras ideas, afirma Sade, son representaciones de los objetos que nos golpean. Dios es así una idea sin objeto. Todo principio es un juicio, todo juicio es resultado de la experiencia y ésta solo se adquiere a través del ejercicio de los sentidos, de lo que se sigue que los principios religiosos no demuestran nada ni son innatos (2012: 390).

Las virtudes inculcadas por la religión, tales como la beneficencia, son un vicio. Esta última, por ejemplo, hace mas mendigos, ya que se les acostumbra a las limosnas. Al respecto, Sade afirma: ¿queréis que no haya moscas en vuestra habitación? Pues no derraméis azúcar para atraerlas. La piedad y le beneficencia son así peligrosas. La bondad no es mas que una actitud de los débiles (2012: 313-317, 418). En esencia, no hay ninguna acción criminal ni virtuosa, sino que para Sade esto es algo más bien relativo. No hay horror, por ejemplo, que no haya sido alguna vez divinizado. Esto muestra que no debe haber limite a los placeres, a la lujuria (2012: 319, 321).

Las mujeres pueden encontrar en Sade un precursor de la liberación femenina, al afirmar que sólo ella es dueña de su cuerpo y que, por tanto, tiene derecho a gozarlo[1]. Si el sexo es el único fin de la naturaleza, debemos romper con los frenos que lo obstaculicen. Este es el caso, por ejemplo, de la moral, el amor, el matrimonio y el embarazo[2]. El adulterio se vuelve así un derecho natural. Todo lo que conlleve placer no tiene porque ser prohibido, incluyendo la sodomía, la destrucción y el gusto por la crueldad (2012: 322-324, 332, 335, 344-345). La naturaleza no nos impulsa a preferir a los otros. La naturaleza al respecto es egoísta. Debemos deleitarnos no importa a expensas de quien. Vivimos, señala Sade, en un estado de guerra permanente y destrucción, en donde sólo el mas fuerte tendrá razón. Nacemos con crueldad, la cual sólo la educación modifica. La crueldad no es otra cosa que la energía del hombre a la que aun no ha corrompido la civilización. Es pues una virtud y no un vicio. Siempre debe velarse por el bien propio, pues esto es lo que nos causa mas placer (2012: 347, 348, 371-375).

Sin embargo, la lógica del deseo, la cual debe regir la vida del ser humano conforme a los designios de la naturaleza, está lejos de representar una actitud libre. Al basar su vida en el placer desmesurado, sin limites, el hombre cae en una escala ascendente de deseos, cuyo límite para ser satisfecho no hace mas que alejarse conforme se van cumpliendo. El mismo Sade reconoce que constantemente se quieren nuevos placeres, los cuales quieren obtenerse por los medios mas intensos. Para un alma firme y estoica, sostiene, no debe haber límites. El libertino multiplica así los excesos. (2012: 346, 348, 364). ¿Cómo puede el deseo sin límite llevarnos a la felicidad? El libertino al no estar conforme nunca con sus deseos, al ir siempre más allá, se separa cada vez mas de su felicidad. Se vuelve así un ser frustrado, cuyo bienestar depende de cosas cada vez mas complejas e independientes de su voluntad. Este ser que se cree así tan libre se ha vuelto preso de una distorsión de sus instintos. No es más que un esclavo de la naturaleza. Sade defiende así una especie de estoicismo hedonista dionisiaco. ¿Cómo podría formarse así, como pretende Sade, hombres libres? A lo sumo serán libres de Dios y de una tradición particular, pero no harán mas que reemplazar unas cadenas por otras, las de la región por las de la naturaleza. El exceso de libertad puede traducirse así en esclavitud. De esto eran ya muy conscientes tanto epicúreos como estoicos.

Eduardo Schele Stoller

[1] No ve ningún tipo de crimen por ejemplo en el aborto, ni siquiera en el infanticidio.

[2] La especie humana, sostiene Sade, debe ser depurada desde la cuna. Si una vida no es útil a la sociedad debe ser cercenada, aminorando así los peligros de una población muy numerosa (2012: 416).

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