La desazón de la técnica autoritaria

Lewis Mumford manifiesta un sentimiento de desazón ante un tipo particular de técnica (Cf. Mumford, 1972 y 1989). Plantea que a partir de la época neolítica y hasta nuestros días han existido paralelamente dos tecnologías[1], una “autoritaria” y otra “democrática”, estando la primera centrada en un determinado sistema y la segunda en el hombre. La técnica democrática surge con las primeras utilizaciones de herramientas y se basa en un método de producción a pequeña escala que depende de habilidades humanas, energías animales e incluso algunas maquinarias, pero estando siempre estas bajo una dirección activa de agricultores o artesanos, con lo que cada grupo desarrolla dones propios a través de determinadas artes y ceremonias sociales, haciendo siempre un uso discreto de la naturaleza. Tal tecnología era limitada con respecto a sus logros, pero por la misma razón tenía grandes poderes de adaptación y recuperación (Cf. Mumford, 1989: 127). Este tipo de técnica se puede homologar a lo descrito como “biotécnica” la cual se entiende como la búsqueda de todo el equipamiento del hombre para su vida, por lo que se le caracteriza además como una “politécnica”. En su origen, pues, sostiene Mumford, la tecnología guardaba relación con toda la naturaleza del hombre y se centraba en la vida misma (Cf. Mumford, 1972: 98-102).

La técnica autoritaria es mucho más reciente, se remonta al 4000 a.C. y se basa en una nueva configuración de invención técnica, observación científica y control político centralizado que, afirma Mumford, ha dado como consecuencia nuestro actual modo de vida civilizado y lo que nos ha hecho pasar a una “monotécnica” (Cf. Mumford, 1989: 128). Esta centralización se produce a través de una institución monárquica sustentada en un gobernante absoluto con poderes justificados de origen cósmico y divino. Esto permitió unificar una serie de actividades humanas que habían estado dispersas, lo que dio pie para una producción a escala monumental en un tipo totalmente nuevo de organización teológica-tecnológica masiva. Esta organización trajo como consecuencia esclavitud y trabajos forzados, que permitieron el nacimiento de una “megamáquina” compuesta de engranajes humanos generadores de una gran potencia de construcción antes desconocida, en el caso del ejército del trabajo, y destructiva, en el caso del ejército militar y burocrático. No obstante, se han logrado una serie de inventos y descubrimientos científicos de un grado muy elevado. Se originó, además, la primera economía de abundancia controlada y una amplia adiestrada minoría para las actividades puramente religiosas, científicas y burocrático militares (Cf. Mumford, 1989: 128). A pesar de los innegables logros constructivos, afirma Mumford, la técnica autoritaria expresaba una profunda hostilidad contra la vida. El problema es, además, que esta técnica autoritaria ha ido resucitando y perfeccionándose, lo que ha anulado todo ascenso de política democrática durante los últimos siglos (Cf. Mumford, 1989: 128).

Los inventores de nuestros días son para Mumford los constructores de pirámides de nuestra época, los cuales ya no basan su poder en fuerzas cosmológicas sino que en la ciencia valorada omnipotentemente con la convicción de que el propio sistema debe ser ampliado, cualquiera que sea el costo final para la vida. La autoridad de este nuevo sistema ya no es una personalidad visible como la figura del monarca, sino que radica en el propio sistema, invisible pero omnipresente (Cf. Mumford, 1989: 130). El fin buscado es elevar al máximo la energía, la velocidad o la automatización el cual se ha convertido en un fin por sí mismo, sin tomar en cuenta las complejas condiciones que sustentan la vida orgánica. Al igual que con las primeras formas de técnica autoritaria, el esfuerzo se inclina hacia los instrumentos absolutos de destrucción, creados con fines irracionales y cuyo resultado principal sería la mutilación o exterminio de la raza humana. Con el pretexto de ahorrar mano de obra, la meta última de esta técnica, sostiene Mumford, consiste en transferir los atributos de la vida a la máquina y al colectivo mecánico, permitiendo que solamente quede lo que de organismo puede ser controlado y manipulado (Cf. Mumford, 1989: 128-129).

Eduardo Schele Stoller

[1] Mumford, al igual que Heilbroner, parece no distinguir entre técnica y tecnología, pues, como veremos, alude a ambos términos para referirse tanto al periodo neolítico (precientífico), como para el periodo actual (científico). Esto ha sido atestiguado en la versión original del artículo en inglés “Authoritarian and Democratic Technics” (Mumford, 1964: 1-8). No obstante, como anticipábamos, esto no afecta el entendimiento de sus postulados.

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