La razón: uso público y privado

La Ilustración para Kant se relaciona con el abandono por parte del hombre de su minoría de edad intelectual, entendida como la incapacidad de poder servirse de su propio entendimiento, sin guía de ningún otro. Esta minoría de edad es de exclusiva responsabilidad del individuo, al no tener el valor de pensar por sí mismo (sapere aude), producto de su pereza y cobardía (2001: 287). La ilustración requiere así de la libertad, podríamos decir, interna, relacionada con el uso público o docto de la propia razón. Este uso debe ser siempre libre. El uso de la razón que cabe ser restringido es el privado, el que se ejerce bajo una determinada función o puesto civil. Esto, sin embargo, no obstaculiza, afirma Kant, el proceso de ilustración. Es necesario obedecer y no razonar en tal sentido. (2001: 288). El problema que detecta Kant es que la mayoría de los individuos se restringe solo al uso privado, pensando y hablando así a través de otros. Esto imposibilita el progreso del conocimiento hacia una época ilustrada, puesto que las creencias así vistas se considerarían como inmutables (2001: 289). Estos obstáculos, no obstante, Kant consideraba que iban disminuyendo y por ende así se abandonaba la minoría de edad, avanzando paulatinamente hacia la libertad de conciencia. Por eso hablaba de un proceso de ilustración, pero no aun de una época ilustrada (2001: 290).

Un problema que queda abierto en la exposición de Kant se relaciona con la paradoja dada entre la libertad civil, que podríamos asociar más con el uso privado de la razón, y la libertad espiritual, la cual más relacionada con el uso público de la misma. Según Kant, a mayor libertad civil, mayores son los límites que se imponen a la libertad espiritual; mientras que a menor grado de libertad civil, la libertad espiritual sería mayor (2001, 291). ¿Cómo interpretar esta situación? Quizás Kant tenga razón en este punto al menos en el sentido de que una mayor libertad civil no implica una mayor libertad espiritual. Por ejemplo, nuestra sociedad democrática presenta mayores libertades civiles que antaño, sin embargo, esto no ha significado necesariamente un incremento en las libertades espirituales, puesto que los individuos siguen haciendo, y quizás más que antes, un uso privado de la razón. Puede que ahora las fuentes de ese uso sean más diversas, pero siguen dentro del marco de lo privado. Pareciera que mientras más coartada y limitada es la libertad civil, más crítico y consciente es el hombre.

Otro aspecto a considerar, es que no todos están en las mismas condiciones para hacer un uso público de la razón. Esto sucede en parte por el tipo de educación que ha recibido el individuo, ya que usualmente los docentes o tutores no enseñan a los alumnos a pensar por sí mismos, a ser críticos o conscientes. Es más, los mismos maestros suelen no salir del uso privado de la razón, limitándose meramente a replicar contenidos. En esto radica la importancia pedagógica de la filosofía, una disciplina que, como ya era concebida por Sócrates, es primordialmente crítica, liberadora, que tiene la labor de promover el uso público de la razón. En este contexto, la paulatina desaparición de las horas de filosofía asignada a las aulas de clases, no puede más que, bajo una concepción kantiana, retrasar o invertir el proceso de ilustración.

Eduardo Schele Stoller

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