Maturana: ciencia y salvación

Humberto Maturana, biólogo Chileno, en numerosas ocasiones ha criticado a la filosofía. Su cuestionamiento tiene que ver con algo que también le asigna a la religión; la búsqueda y defensa de fundamentos que sustenten una verdad. Este ataque no se enmarca solo en lo epistemológico, algo derivable eventualmente de su teoría de la autopoiesis, sino que por sobre todo por sus alcances socio-políticos. En este sentido, la filosofía sería mera ideología, cuyo fin es también la apropiación de la verdad y la negación de los individuos[1] (1991: 65). Para restaurar el respeto hacia los otros deben morir antes las filosofías sociales y políticas que pretenden poder señalar el curso inevitable de la historia desde una verdad trascendente (1991: 134). Es aquí que juega un rol importante, a juicio de Maturana, el dominio “liberador” de la explicación científica[2]. La ciencia, a diferencia de la filosofía que justifica racionalmente la negación del otro[3], no buscaría la verdad ni su fundamentación, sino que solo explicar (1991: 135). Tales explicaciones son generativas, ya que las proposiciones, como resultado de su operación, dan origen a los fenómenos por explicar, siendo aceptados como válidos por la comunidad científica conforme a una previa satisfacción de criterios, los cuales la misma comunidad establece. En consecuencia, sostiene Maturana, las explicaciones científicas no contienen los rasgos del fenómeno por explicar, sino que estos resultan de los procesos que ellos implican (1991: 155, 157).  

Es cierto que buena parte de la tradición filosófica ha sido fundamentalista, esto es, defensora de algún criterio objetivo o trascendente de verdad, lo cual podría derivar en los conflictos sociales que detecta Maturana. Sin embargo, la filosofía, como teoría del conocimiento, no se ha limitado a tal enfoque. Una de las alternativas más detalladamente elaboradas se han hecho desde el pragmatismo, ya desde finales del siglo XIX. La visión pragmatista, al igual que la que muestra Maturana, se identifica con nociones coherentistas del conocimiento, ya que los criterios de justificación serían internos a un dominio de conocimiento, teoría o lenguaje particular. La diferencia es que Maturana no se compromete totalmente con las consecuencias del pragmatismo, de lo contrario, no confiaría en una teoría en particular, la biología del conocimiento, como liberadora. Toda liberación supone, crítica o positivamente, algún principio fundante, esto es, cierta verdad o certeza. Pero, la ciencia concebida como lo hace Maturana escapa a su propia crítica, ya que no es un conocimiento relativo más, sino que se erige como “la salvación” ante el dogmatismo ideológico derivado de la filosofía y la religión. De ser esto así, no es más que el reemplazo de un dogmatismo por otro.

Eduardo Schele Stoller.

 

[1] Mientras permanezca esta noción patriarcal del conocimiento, cree Maturana, seguirá habiendo holocaustos (1991: 304).

[2] Para librarnos de esta tiranía de la razón filosófica, Maturana considera de vital importancia a la biología, ya que nos llevaría a mirar los fenómenos que dan origen a las experiencias (1991: 79).

[3] Esta, según Maturana, es la raíz de la maldad, la que se produce cuando se tiene una teoría política, religiosa o filosófica que justifica la negación y sometimiento del otro (1991: 302).

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