La necesidad de creer

¿Tendemos por naturaleza a saber? Se plantea aquí como pregunta lo que aseveraba Aristóteles. Antes de responder esto debemos cuenstionar el saber mismo. Si entedemos a éste como un tipo de conocimiento teórico, especulativo o abstracto, sería optimista pensar que la humanidad tiende a tal ejercicio. Pero si por saber queremos denotar las simples creencias cotidianas sobre el mundo, es necesario afirmar que efectivamente tendemos a saber. De no hacerlo no sobreviviríamos en un ambiente en el cual tenemos que realizar constantes estimaciones e interpretaciones sobre el entorno. En este sentido, Ortega reafirma la noción Aristotélica aludiendo a que nuestra condición humana la constituye nuestra necesidad por saber. Y esto no porque poseamos inteligencia, sino porque, conforme a las circunstancias, necesitamos saber. Vivir, sostiene Ortega, es encontrarse forzado a interpretar nuestra vida (2012: 77-80). Ya James aludía a las constantes apuestas cognitivas que debemos hacer para guiar nuestras acciones. Hasta el escéptico presenta convicciones. Pero, aunque la creencia no sea una opción, sí podemos elegir su contenido. Podemos cuestionar lo creído, lo impuesto, lo que nos han transmitido. Si bien la no creencia es también una creencia, debemos intentar que sea al menos una nuestra.

Eduardo Schele Stoller.

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