Huidobro: el poeta como superhombre

Axioma para los músicos: los pájaros cantan mal.

Con mucha sorpresa he encontrado en Vicente Huidobro (1893-1948) retazos notables de reflexiones filosóficas, que a ratos me recuerdan los enérgicos dardos filosóficos de Nietzsche. En particular, logro detectar en su prosa la idea de superación del ser humano, lo que Nietzsche denominó superhombre.

Huidobro era consciente que para que haya un cambio radical debemos ser irrespetuosos con la tradición. De allí su exaltación a todo lo que se relacionara con la innovación y la originalidad. A su vez, se entiende su rechazo ante los fósiles literarios (de Pasando y pasando: 1914). Pero esta rebeldía no solo responde a la tradición cultural, sino que también ante la tradicional posición del hombre frente a la naturaleza. Contrario a la noción filosófica clásica de interpretación fidedigna de la naturaleza, el poeta se distingue haciendo una declaración explícita de independencia frente a ésta. Ya no se propondrá tan solo imitar al mundo. Ya no será su esclavo. Pero tampoco se conformará con transformarlo, sino que, por sobre todo, su objetivo será crear mundos propios, mundos nuevos (Non serviam: 1914). A través del verso, la poesía deberá abrir nuevas puertas. El poeta es así un pequeño Dios (Arte poética: 1916). Este debe superar la significación gramatical, objetiva, de inventario del lenguaje, para desarrollar la significación mágica, mediante la cual las palabras pierdan su representación estricta. El poeta crea el mundo que debiera existir. Por esto, para Huidobro el valor de la poesía está en razón directa de su alejamiento del lenguaje que se habla.

Este entendimiento, al igual que en Nietzsche, es sectario, esto es, propio del superhombre. Se excluye así al vulgo, el que no acepta que el poeta trate de expresar lo inexpresable. Y esto, porque la poesía es un desafío a la razón. Rompe con la lógica clásica, yendo más allá de lo verdadero y lo falso, de la vida y la muerte, del espacio y el tiempo, de la razón y la fantasía, del espíritu y la materia (La poesía).  El poeta se erige así no solo como un hombre nuevo, sino que también como un ente que crea lo nuevo, que deja de imitar e interpretar la naturaleza para superarla creando mundos propios. Parafraseando a Marx: los poetas, nos querría decir Huidobro, se han dedicado a interpretar el mundo, el mismo mundo. De lo que se trata es de crear otros.

Eduardo Schele Stoller

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